"Es jugao", pensó Kalimán con la muleta levantada esperándolo e intentó un
pase de pecho.
Premio Álvaro Cepeda Samidio de crónica y reportaje
Para Marta Monsalve
La Internet ha llegado a extremos impresionantes, se ha metido en los terrenos de los sentimientos y las pulsiones humanas, ningún otro medio lo había hecho de forma tan intensa. Si en un
principio el correo electrónico trasformó la austeridad del quehacer epistolar en un correo versátil, dinámico y seguro, el chat hoy se perfila como el más encantatorio medio electrónico jamás
inventado que tiene un fuerte efecto en los usuarios aún sin estudiar.
Si en Colombia existen numerosos canales con cientos de usuarios, en Cartagena y Barranquilla, estos canales son una verdadera babel costeña. Aquí los usuarios tienen singularísimos nick
para no revelar sus identidades: El Compaegoyo, ElBurrero, LaLoca, ElGaby, LaTremenda, Bárbara, Sietehembras, Elñame, Linda, LaGata, LaTragamoneda, Sexomán, Hirpercojón, Myau y otros.
Con el fin de ilustrarnos mejor sobre el atractivo de este programa o artefacto de comunicación realizamos un paseo por los canales de distintos países y de la costa Caribe de Colombia. Algunos
amablemente han accedido a una entrevista, los nicks y nombres son verdaderos así como los testimonios, que han sido copiados tal y como sus propios remitentes los escribieron. La edad de los
usuarios va desde los 16 años hasta los 45, sin embargo, no hay estadísticas seguras.
.…….…….
Se envían señales de colores, gritan, hay carcajadas, burlas, se cuentan rumores de la región, advertencias de peligro en la Internet, etc.. Hablan de fútbol, música, modas; un verdadero
intercambio cultural aunque a veces ese intercambio tenga insultos, madrazos y plebedades que también hacen parte de la riqueza que se expone en el chat como medio multiplicador.
Cuando se entra por primera vez, el usuario se sorprende. En el salón principal de estos canales la gente empieza a hablar sin tapujos, es la versión virtual de un estadio o de un bando. No
obstante cuando ya el visitante puede escribir, empiezan a conectarse con él tratándolo como a un primíparo…
Arnaldo Cuadro, un chateador empedernido que puede durar más de 18 horas pegado a la pantalla, afirma:
“Ahí uno tiene que decir siempre cosas de interés para llamar la atención. Algunos echan chistes, que por malos, se ganan la simpatía de los demás. Otros en verdad son unos genios del buen humor;
pero yo considero que no es como en la vida real, porque si una persona es en la vida real tímida, puede mostrarse en el chat como alguien recursivo, avispado y genial. Uno tiene que parecer
serio y no escribir ninguna palabra soez porque pueden banear a uno, y si va a decir plebedades tiene que hacerlo en varios sentidos, casi con estilo”.
Banear es que lo saquen a uno del canal por atrevido, grosero, insoportable o porque se agredió verbalmente a un país, religión o persona. Esa regulación la hace un robot o el administrador del
chat. Existen administradores o reguladores que llegan a un canal siendo sólo usuarios y terminan, según su comportamiento en la red, premiados con ese tipo de prebendas electrónicas y son
ellos quienes ejercen control en el canal.
Sobre esto M., una colombiana radicada en España hace más de quince años, opina:
“De alguna manera le permitimos a un robot que decida si podemos estar o no estar, o a un administrador. Es como permitirle que se pueda ser o no ser. Además los usuarios también tenemos la
censura de unos administradores, que son personas humanas. Uno nunca sabe cuáles son sus juicios de valor, cuál su moral o sus costumbres. Revisan tu forma expresiva, entonces... no se puede
hablar de libertad en todos sentidos”.
…………..
En cierta ocasión se programó una fiesta de los aferrados al chat en Cartagena con las personas que visitaban el ICQ y pudieron verse las caras.
“Los hombres no encajan con el estereotipo de que son seres feos y solitarios, dice Alfredo Daniel, porque se trata de gente interesada en la Internet y que de alguna manera conoce de sistemas, o
es gente muy curiosa. Las mujeres en cambio sí lo cumplen, algunas son feas, muchas muy jóvenes, y otras como de 30 a 35 años… Pero el común de la gente es extrovertida, sólo en el chat”.
El chat puede generar dependencia, aseguran muchos. A pesar de que no produce síndrome de abstinencia, hasta ahora conocido, sí posee un fuerte contenido psicológico. Un atractivo que debieron
sentir los primeros humanos que usaron el teléfono, escucharon la radio o vieron las imágenes del cinematógrafo.
Los entrevistados coinciden en afirmar que su uso genera una increíble atracción y es mucho más divertido que llamarse por teléfono, escribirse, enviarse postales o ir a cine. Genera una
especie de placer que tiene que ver con el hecho de dejar de ser inédito (placer de hacerse público o una especie de contenido narcisista sin desarrollar) que no es nocivo.
"Es una verdadera emoción cuando uno ve que el canal se enciende con una luz roja, porque a uno le han enviado un privado, una emoción que no es amor, pero que aún no es amistad, sin embargo, en
la que están enredados ciertos sentimientos. La gente llega a apreciarse”, asegura el nick Elbollón.
Por otro lado del canal #ecuador dice el nick Chaty:
“Es de alguna manera morboso porque es una exageración. Es otro tipo de realidad, es como un universo paralelo, cada uno asume su viaje, su máscara, existe una incertidumbre de lo que hay del
otro lado y es como jugar a la gallina ciega, uno nunca sabe si la persona que está del otro lado es lo que dice ser y es de donde dice ser. Es un viaje a lo inseguro, una aventura: Y además es
el sentido del riesgo… Creo que por eso es que hay una exigencia a priori que indica que uno tiene que ser lo que es, no pura apariencia. Veinte personas de veinte países pueden estar en un mismo
instante conectados… Yo chateo en ingles, y he hablado con gente de la China y al tiempo con gente del Perú. El mundo se convierte en una cercanía...”
Escogimos el nick Elchacho para entrar a los canales costeños #barranquilla y #cartagena. Y estos fueron los interesantes diálogos que sostuvimos.
…………………
<ola> no, de Medellin…
<Elchacho> Cómo andas...
<ola> bien y tú donde estas… Yo estoy esperando a mi novio…
<Elchacho> Soy de Cartagena y estoy aburrido...
<ola> Tú eres de Cartagena qué rico pura playa…
<Elchacho> Estás en un canal de Argentina, mucho mate?
<ola>No.
<Elchacho>Eres de Colombia?
<ola> mmmmmmmm a veces…
<ola> mmmmmmmmmmmmmmmmmmm ¿Dónde estas? ¿eres mi novio?
<Elchacho> No...
<ola> ahhh grave pero aún no entiendo.
<Elchacho> Yo estoy trabajando sobre la gente que está en el chat... aceptas que te entreviste?
<ola> uuuhhhyyy no, mi identidad la conservo oculta
<Elchacho> Bueno, pero puedes contestar, ¿o no?
<Elchacho> Desde cuando estás en el chat y por qué lo haces?
<ola> Pero estas en Cartagena? Cómo te llamas?
<Elchacho> Mi identidad la mantengo oculta... ¡jejejejejeje!
<Elchacho> ¿Ya?
<Elchacho> ¿Desde cuando estás en el chat y por qué lo haces?
<ola> mmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm
<Elchacho> mmmmmm
<ola> Lo mismo dije yo y accedí a tus preguntas…
<Elchacho> Si soy de Cartagena...
<Elchacho> mmmmmm
<Elchacho> Te preocupa eso?
<ola> oye.... pareces interesante...
<Elchacho> Qué experiencias has tenido allí?
<ola> He hablado con gente que se entrega del todo y que ha tenido experiencias formidables…He tenido varias personas especiales e importantes para mí por este medio, llevo 4 años
conectándome, y he encontrado grandes personas, también puedo decir que he encontrado las personas mas viles y desgraciadas del mundo!
<Elchacho> O sea los extremos... ¿Consideras que la gente en el chat es más sincera? ¿Más especial? ¿Menos introvertida?
Hay un silencio por varios segundos…
<Elchacho> Contesta, amor...
<ola> Perdona, estaba en WC. Hay de todo, pero lo único que digo es que este sistema es un vicio más para la sociedad, yo fui adicta de esto por mucho tiempo, pasaban enterrada de cabeza en
la pantalla. En el trabajo, y cuando podía los fines de semana en mi casa. Nadie se daba cuentas. Mi rendimiento en el trabajo tuvo un bajón impresionante. Uno cree que es libre para decir
todo a otra persona que tú no conoces.
<Elchacho>Ajá
<ola> es un fenómeno raro. Al principio uno está con un montón de gente que habla y habla alrededor es como un estadio solo…. Y uno quiere hablar y la gente empieza a burlarse de uno… Al
final alguien ya se conecta contigo y empieza la cosa, empieza uno a decirse todo… Yo desde un principio dije todo de mí. De alguna manera sirve para algo, para descargar…. Pero para sostener y
dizque relaciones afectivas, nada que ver…
<ola> Perdí muchas amistades en mi espacio físico por estar enfrascada en esto, y después fue difícil salir, pero las decepciones ayudaron para ir poco a poco alejándome, creo que uno tiene
a su alrededor personas lindas y especiales que nunca se les ha dado la oportunidad de demostrarlo, tampoco se les da la libertad de que le digan a uno las cosas como creen ellas que son, pero
uno sí lo hace con las personas del chat… que nada tienen que ver contigo.
<Elchacho> Que recomendación das a la gente que ha entrado al chat enviciándose...
Otro largo silencio…
<Elchacho> Heeeeyyyy… Qué recomendación das a la gente que ha entrado al chat enviciándose...
<ola> Que este sistema aparentemente es una forma muy especial de conseguir amigos y de no sentirse solo, pero es un mecanismo poco recursivo, y que si uno se lo propone puede encontrar
gente linda y especial en su medio y que puede brindarle alegría, felicidad a corto plazo.
<ola> si a eso me refiero
<Elchacho> Como en el mundo real cierto?
<Elchacho> Oye cuantos años tienes...
<ola> 32 y tu
<Elchacho> 33 Te consideras fea o hermosa?
<ola> mmmmmmmmmmmmmmmmmmm cada persona maneja su belleza y prefiero siempre dar mi belleza interior, me considero hermosa…
<Elchacho> no eres hermosa?
<Elchacho> o no te sientes hermosa?
Silencio…
<Elchacho> No eres hermosa?
<Elchacho> o no te sientes hermosa?
<ola> me considero hermosa
<Elchacho> Hueles a rico...
<ola> ¡oye...!
<Elchacho> Has tenido experiencias fuertes en el sentido sexual con la gente del chat?
<ola> mmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm ya eso es intimidad y no te voy a responder…
<Elchacho> Está bien, pero ya respondiste...
<Elchacho> Te sentiste mal después de eso o qué, Ola…
Silencio…
<Elchacho> hhheeeyyy
<ola> no, para nada
<ola> ahora que tengo más personas amigas con las que estoy hablando, ya no busco eso.
<Elchacho> … sentiste que fueron fieles contigo?
<ola> son agradables para mi…
<Elchacho> que bueno...
<Elchacho> … Hablando sin tapujos sentiste ese magnetismo excitante que tienen los que se aman por la red, consideras que eso es sano?
<ola> no sé de qué me hablas, ni mucho menos excitarme, deja la ridiculés, veo que te estas yendo por otro camino, mejor termino esta conversación acá, adiós
<Elchacho> ¡No!
<Elchacho> ola, son cosas humanas a las que me estoy refiriendo, porfa
<ola> Bueno, porfa, compórtate...
<Elchacho> ya? Contesta...
<ola> sal de aquí, respeta los espacios, qué haces aquí entrevistándome...
<Elchacho> Has pasado de entrevistada a verdugo…¿Seguimos?
<Elchacho> Bueno chau
<ola> que fastidio eres…
<Elchacho> Chau y gracias por tus respuestas…
……………………..
Distintas voces
En uno de los salones principales del canal #colombia, hallamos esta conversación entre los nikc Santito, Lucho y Salchichón.
<El santo>Alguien de aquí sabe qué es el arte Champ?
<Lucho>Ni idea…
<Salchichon> yo lo unico que conocezco es la música champeta…
<Elsanto>El Arte Champ es todo, todo, lo que tenga cualquier cosa encima de todo… La retórica, el arte barroco, la
música de Bach, todo… y que sea con ritmo, ya?
<Salchichon> Claro, eso lo dices tu porque eres hijito de papi.
<Elsanto>bueno eso no viene al caso, sólo estaba buscando a ver si pueden ayudarme…
<Salchichon> y ahora vienes a que te hagan las tareas por el chat, ¿ y ya te dije que lo único que yo conozco es la champeta…
<Lucho> zzzzzzzzzz zzzzzzzzzzz zzzzzzzzzzzzz Estoy que me duermo…dejen de discutir…
<Salchichon> Bueno… y tú vas a playa… santo…
<Elsanto>Sip
<Salchichon> todos los días me imagino…
<Elsanto>Sip
<Salchichon>pero nunca vas a las playas de Marbella ni a las playas de las tenazas
<Elsanto> Nop…
<Salchichón> ya veo…. No tienes nada que hacer, y veo que te vas a las playas de Blas el Teso y a las de la zona norte…
<Elsanto>Sip, te molesta…
<Salchichon>Tu no sabes el poco de negritos que le sostienen a los muchachitos como tú las olas, el sol, las palmeras mientras tu estás con tus gafas mirando lelo…
<Elsanto>No entiendo, men….
<Lucho> Quién tumba aquí? Quién tumba aquí que quieren que sea el árbitro de esta pelea, soy bueno narrando boxeo… Levántense a puño, pues, que esto está bueno… a estas alturas de la
intolerancia ustedes están peleando porque se bañan o no en una playa… Dejen la pendejada…El agua es la misma, es salada.
Silencio…
***
Piropos y gestos en el Cyberespacio
El chat puede utilizar los medios como la voz, las fotografía y otros recursos. “Aquí no nos echamos mentiras, porque eso es como un bumerán, se regresa, y uno mismo es el que se está
mintiendo, y es como en la vida”, nos dijo el nick Sabrosito, y agrega que es posible que se esté presentando una nueva forma de expresión en el amor, o una nueva forma de amor,
refiriéndose a las parejas. Estas relaciones ocurren a menudo, y ya no son noticia en los salones principales de los canales - tienen sus cómplices en ellos. Algunos usuarios que han sido
protagonistas de estos amoríos han permitido contar sus experiencias. Se trata de historias dignas de reseñar. Según María es una especie de teatro:
“Se llega con una ilusión, quizá buscando un amor, o simplemente una amistad. Se clavan los ojos en la pantalla a la espera de una llamada o de un sobrenombre que toque el alma. Hay una algarabía
sin sonido, las palabras están llenas de colorido, algunas sin razón ni sentido, otras llenas de poesía. Todas son almas sin cuerpo ni rostro. Algunas son ignoradas por los demás. Las
frases y los sobrenombres pueden ser tiernos, y dulces, pero algunos son amargos, violentos y groseros. Hay sobrenombres de mujeres que encienden la imaginación de los varones con pasión y morbo.
A veces esa imagen creada se derrumba en el primer contacto”.
Una psicóloga jungniana que trabaja en Buenos Aires y que de vez en cuando visita en estos canales colombianos con el nick de Psi, asegura:
“De alguna manera es un nuevo territorio en donde todo es expresión y exteriorización del inconsciente, quizá en este terreno estén presentándose nuevas formas de sanar neurosis, uno nunca
sabe hasta donde es capaz de llegar el inconsciente colectivo.”
……………………..
<Elchacho> ¿Eres de Cartagena?
<^-^MeMo^-^> … De Cucuta pero tengo muuuuchas amistades en Cartagena
<Elchacho> Ajá...Oye...
<^-^MeMo^-^> ke.
<Elchacho> Tengo que hacer un trabajo periodístico... ¿Aceptas que te entreviste?
<^-^MeMo^-^> ok.
<Elchacho> ¿Desde cuando estás en el chat... y por qué lo haces?
<^-^MeMo^-^> Hace 3 años, y lo hago como una alternativa a la rutina diaria, donde tú puedes encontrar a gente interesante… es el mejor invento que se ha hecho después del cine y la tv,
claro que aquí no sabes los libretos… Es divertido…
<Elchacho> ¿Te sientes mejor que en "la vida real"?
<^-^MeMo^-^> Pues sí, aveces, cuando no tienes nada que hacer o estas deprimido
<Elchacho> y ¿qué experiencias has tenido aquí?
<^-^MeMo^-^> uuuy muchas… pues..
<Elchacho> cuenta...
<^-^MeMo^-^> me han chateado, he conseguido novia(la conocí acá y después en la vida real)… tengo hartos amigos en todas partes del mundo…mejoré mi inglés... en fin... Hasta dicen: ¡te
quiero mucho!
<Elchacho> que bueno...
<^-^MeMo^-^> Pero no todo es color de rosa. Puede ocurrir que la Internet multiplique las posibilidades de acceso a una relación sexual…y eso haga aumentar el sida y otras enfermedades…
<Elchacho> Cuéntame si has sentido que la gente que chatea es mucho más interesante y sincera por el chat que la que viven contigo en la vida real...
<^-^MeMo^-^> si… la gente deja la timidez
<Elchacho> aja
<^-^MeMo^-^> Y habla en verdad de cosas serias, las cosas de adentro… y se cree protegida detrás de un pc… yap? o más?
<Elchacho> más …mmmmmmmm... ¿Cómo te sientes cuando sabes que has mandado lo más profundo de ti en una botella al mar?
<^-^MeMo^-^> pues...
Silencio…
<Elchacho> hheeeyyy
<^-^MeMo^-^> no hay mucho cambio aunque siempre te sientes como más contento, con mas energía, la verdad esto es muy desestrezante, y nunca he entendido por qué uno suelta todo lo que tiene
adentro. Aquí he dicho cosas que nunca creí decir… que uno sabe que no diría al frente de la persona amada…
<Elchacho> Por ejemplo…
<^-^MeMo^-^>mmmmmmmm…. Ahora me lo reservo…
<Elchacho> Qué dices de la gente que no tiene acceso a este medio…
<^-^MeMo^-^> Existe un inmenso volumen poblacional que no tiene acceso a la informática. Se habla de un nuevo tipo de analfabetismo mientas pocos se dan el lujo de pasar días enteros frente
a un teclado de computador y es por ello que el chat en vez de llegar democráticamente lo que hace es marginar.
<Elchacho> Es una especie de Cuarto Mundo.
<^-^MeMo^-^> Sip… Creo que algún día se borrarán esas diferencias… cada día hay mayor acceso, cada día se humaniza más la internet. Cada día ella buscará mecanismos de participación…
<Elchacho> Eso se espera…
Silencio…
<Elchacho> hey, contesta... Oye, alguna gente dice que es un vicio nuevo... ¿qué opinas de eso?
<^-^MeMo^-^> A mi no me ha pasado… Pero sí he visto mucho eso... Gente desesperada buscando en todos los canales a un amor perdido, a alguien que creyó… Es terrible, da tristeza, los
he tratado de ayudar anunciando por otros lados el nick de ese amor buscado. Pero nada… Ocurre a cada rato y creo que hay gente adolorida por eso, pero sé que la gente se olvida de ello…Pues
mira.
<^-^MeMo^-^> esas aventuras dejan muchos vacíos en las personas que se ven una noche y no vuelven a verse...
<Elchacho> ¿Cuéntame cómo te pasó?
<^-^MeMo^-^> Cómo sabes que me pasó?
>Elchacho> Se nota… por lo que dices…
<^-^MeMo^-^> Pues sí, aunque yo no alcancé a tener sexo por el cibert, fue una cita muy ardiente
<^-^MeMo^-^> después uno se siente un poco vacío y defraudado con una mujer que creíste "sana" y salió tremenda zorra…
<Elchacho> Como te diste cuenta que era zorra...
<^-^MeMo^-^> Por lo que vi, después de esa cita... Hablaba con todo el que se le acercaba en la Internet…
<Elchacho> uuuffff…
<^-^MeMo^-^> Eso pasa... y uno no tiene la culpa...
Silencio…
<Elchacho> ¡Meeemmmooo! Contesta...
Silencio…
<^-^MeMo^-^> Bueno, chau, gracias…
***
Una nueva sensibilidad
Allí hay de todo, incluyendo, los celos, los imperativos sociales como el chisme, la política del buen vecino y el compadrazgo; cuando de grupos se trata. Unos juegan a las máscaras y van dando
pautas, señales, a lo largo de canales. María_K nos hace un envío por e-mail refiriéndose al chat y al juego de máscaras:
En el chat sólo encontrarás almas sin cuerpo y sin rostro, son una ilusión pasajera, no es realidad. Ahora mismo te estoy escribiendo y no sé porqué, se siente un fluido ¿cierto? Por este medio
no sólo se buscan amores sin rostro, se buscan también amistades sin rostro físico, pero con algo más importante, el espíritu, el alma, el verdadero yo. Creo que siempre después de varias líneas
escritas (aunque se mienta) se puede empezar a ver y sentir ese yo. A mucha gente le pasa, lo veo por lo que dicen: todo te lleva a crear un personaje, un personaje interno que aunque se quiera
mentir, por algún lado se siente la verdad de quien sos.
Todo esto dura el instante en que lo sientes, no quedan recuerdos, se esfuman tan pronto cierras la ventana, allí termina la emoción, aunque al día siguiente la vuelvas a sentir con otra ventana.
Después de todo esto viene la soledad. Pero las sensaciones son reales, palpables.
Otros dan pautas, manejan la información como un hilo de Ariadna con temas culturales o acertijos hacen que otros continúen participando de una especie de teatro en el que asumen roles, y que el
guión tiene un autor colectivo.
Algunos afirman que sí se viven verdaderos romances por el chat ya que los sentimientos que se experimentan allí no están muy distantes de los que tiene una relación normal.
Los romances a veces resultan desastrosos, pero muchos en ocasiones funcionan. Llegan a convertirse en “novios” del ciber que mantienen principios de fidelidad, reciprocidad y entrega. Ellos se
buscan en medio de una maraña de canales, nicks, voces y máscaras, y logran establecer una relación en la que se da un fuerte intercambio afectivo. “Es un fluido”, dijo lleno de humor, alguien
que casi diario está con el nick Lagarto en el canal #colombia.
Rafael Acevedo es un ingeniero en sistemas que ha hecho pareja por el chat. Dice que esto no ocurre sólo durante el encuentro en el chat, sino que se asume. Allí no funciona lo que afirma la
vieja voz popular, “amor de lejos, amor de pendejos”.
Por lo demás es una relación que hace cosas normales cuyo único medio es la pantalla del computador. Se dan cita, hacen paseos, se invitan a sitios virtuales. Rafael Acevedo cree que haberse
enamorado por Internet es una experiencia que marcó su vida ya que se encarna más emoción que en la vida real y es mucho más barato:
Uno tiene que entrar a los chat de romance o amistades, de ahí en adelante todo depende de las conversaciones, sólo de eso. Fue algo que no esperaba, entré por curiosear y me quedé viendo lo que
escribían todos y vi que entró alguien con el nick de Azucena. Hermoso, creo. Escribió un saludo que me llamó la atención, dijo: ‘Las trampas del amor están al acecho’… Yo me apresuré y contesté:
‘Caí en la trampa’. Ella me respondió que entró a ver qué escribían las personas en ese chat y que era novata en el asunto. Le pregunté que si quería usar la opción del canal privado y respondió
que sí. Eso fue emocionante. Le conté de todo, vacié mi vida. Ella vive en Bogotá, pero yo tenía que cortar la conversación y le di mi e-mail. Quedamos en enviarnos mensajes, yo le escribí pero
se demoró en responderme, creí que no estaba interesada. Como a la semana recibí su respuesta excusándose. Se sentía sola. Tenía cuatro años de haberse divorciado y no estaba saliendo con nadie.
Ese fue su turno de sacar todo del pecho. Después de este mensaje, comenzamos a escribirnos diariamente y sólo los días sábados usábamos el chat, comenzamos a contarnos nuestras
cosas, fue creciendo la confianza, intercambiamos fotografías, ese es un momento grandioso. Vi lo hermosa que era, madura y hermosa. Después de esto la llamé. Se emocionó mucho, no la
esperaba. Nos escribimos durante tres meses, escribimos tanto que podemos hacer un libro de todo. Tuve la oportunidad de viajar a Bogotá y nos pusimos cita por primera vez. Fue emocionante. Se
nos salieron las lágrimas a ambos. Ella me contó por teléfono que estaba muy nerviosa, yo le dije que también. Nos derretíamos, aunque no era una cita a ciegas, nos conocíamos. Cuando
estuvimos uno frente al otro vi que era igual a la foto que me envió, supe que no mentía, que no nos mentíamos.
Parece una novela, cierto. Por un momento nos quedamos viendo el uno al otro, era un sentimiento que tenía como quince años de no sentir. Nos mirábamos a nosotros mismos, parecíamos
perfectos. Ni siquiera nos rozamos un dedo pero estábamos unidos por una fuerza invisible. Sólo nos abrazamos. Fuimos a almorzar y al cine y estuvimos conversando bastante sobre la experiencia
que estábamos viviendo y a medida que pasaban las horas nos fuimos entendiendo más. Ambos teníamos miedo de iniciar una nueva relación. Pero lo mejor fue conocernos primeros por el chat. De allí
en adelante nos hemos seguido viendo cada dos meses aprovechando cuando hay puentes, escogemos un sitio ya sea acá en la Costa o en el interior. En una época en que hay muchas personas solas por
este medio tratan de encontrar a alguien. Pero puede haber un uso excesivo del chat, hay personas que se envician.
Sobre lo que puede ser una relación sexual por la Internet, Rafael mantuvo silencio. En el entorno de estas relaciones se presentan elementos de la vida real, incluso dicen sentir en olores y
sabores.
Muchos creen que todo va más allá y que la ciencia ficción tiene la última palabra en este sentido. Dice cortazariano nick Un-tal-lucas:
Una de las cosas que tiene Internet es que acaba con las excusas de que estamos demasiado lejos para compartir experiencias. Creo que la red llegará bien lejos, creo que llegará a incorporarse a
nuestra psiquis y a nuestra reflexión sobre el inconsciente. Es una reflexión que me hace pensar en un artículo del libro Predicciones, en el que un experto en cibernética comenta sus
experimentos con prótesis en el cuerpo humano, y sus planes de futuro (no es ciencia ficción), en los que aspira a poder implantar chips en el cerebro para poder conectarse directamente con el
ordenador. De ahí, pasa a la conexión directa del cerebro con Internet, lo que produciría una disolución de las barreras de la propia identidad personal. Es una especie de pensamiento puro, un
salto evolutivo, la no corporeidad, una entidad colectiva. Yo me pregunto, si la psique no es sólo la conciencia, que ocurriría en un escenario así descrito, con nuestras tendencias
inconscientes. Y para terminar de complicarlo. Vi una película con una visión del asunto estremecedora: Matrix.
Se trata de una ciudad o mundo (¿feliz?) virtual y paralelo al nuestro al que se llega sin vulnerar la existencia del real y a las responsabilidades de la “vida real” que de él devienen. De algo
así como una arcadia de la que se echa mano en cualquier momento como cuando uno va al cine o lee un libro.
Sensualidad a flor de tecla
<Duqueza> pues dime…
<Duqueza> qué quieres saber…
<Elchacho> Cuéntame de tu experiencia por el chat...
Silencio…
<Duqueza> Acá estoy…
<Elchacho> ¿Estás hablando por otro canal con otra gente?
<Duqueza> sí… tengo mi novio y nos comunicamos por aquí… él vive por ahora en Houston…
<Duqueza> Mira empece en lo del chat cuando estaba estudiando en la facultad
<Elchacho> Tu novio puede también contar su experiencia si quiere...
<Duqueza> no… Ni se te ocurra, me mata si sabe que ando de loca hablando con otros… Es celoso. Por el chat hay gente fiel aunque tú no lo entiendas… Sip, he conocido bastantes personas…
especialmente tipos… y luego nos conocemos personalmente y con todos y sigo de amiga…
<Elchacho> ¿Por qué tipos de conversación te sientes atraida?
<Duqueza> ahorita estoy con un chico de españa, otro de bs ar y un amigo de bta…
<Elchacho> y yo de Cartagena... Cuéntame una cosa… ¿Has tenido experiencias sin límites como algunos llaman?
<Duqueza> Mira que tal si me das tu e-mail y te escribo y te cuento
<Elchacho> Quieres más intimidad?
<Duqueza> sip, y además tengo el canal lleno
Silencio…
<Elchacho> hheeeyyy
<Duqueza> ¿Sí, corazón? Pero estoy con tanta gente que no te puedo poner atención como te lo mereces…
<Elchacho> Bueno...
<Duqueza> pues por lo menos yo me divierto mucho…
<Elchacho> ¿No te diviertes en la "vida real"?
<Duqueza> si, bueno… Es mejor por aquí… no tiene que doler tanto… Sorry…
<Elchacho> Has sentido ese fluido del que hablan los que usan el chat?
<Duqueza> si…fluido? ¿Una energìa? Síp. Se termina por llegar siempre a conversaciones desinhibidas, sobre todo llena de una sensualidad que en la vida real, sólo se llega después de un
tiempo… Eso es lo que motiva a la gente…
<Elchacho> cuéntame de tu traga…
<Duqueza> pues es un argentino a quien estoy esperando, ya nos hemos enviado fotos
<Elchacho> aja...
<Duqueza> y pensamos seguir adelante
<Elchacho> que bueno... ¿se sienten bien?
<Duqueza> y bueno tengo muchas historias, sobre todo de gente que envía falsas fotos…
<Elchacho> cuéntamelas porfa...
<Duqueza> que tal si nos encontramos mañana usted y yo
<Elchacho> Huuyyy…. Oye, algunos se atreven a asegurar que han llegado a tener una especie de sexo cierbernético sin ningún riesgo… Qué opinas de eso…
<Duqueza> Yo lo he sentido… es más lo he propuesto, claro que con una persona muy especial. Irrepetible… Aunque puede ser engañoso…
<Elchacho> Cómo fue…
<Duqueza> Sip…. Pero me cansé…no es como en la realidad auqneu uno tiene la misma excitación…
<Elchacho>Eso es un acto de autosatisfacción… cercano a la masturbación, al onanismo… <Duqueza> Sí, pero una masturbación acompañada… ¿No cree? Perdone que sea tan cruda… En un canal
privado y le cuento mas tranquilamente…
Silencio…
***
Pero en ocasiones los rostros no son como uno cree que son…
<Elchacho> Hola potrica...
<potranka> hola chachito
<Elchacho> Cómo andas... Y… ¿por qué te pusiste ese nick?
<potranka> Bueno principalmente, porque mucho me gusta
<Elchacho> ¿por qué te gusta?
<potranka> Por-que me es algo libre y salvaje
<Elchacho> Salvaje y feliz... eres salvaje? ¿Dónde, aquí en chat?
<potranka> Feliz no… salvaje… soy salvaje… pero si me fascina: el campo y todo su contenido su entorno…
<Elchacho> a veces las cosas no son lo que parecen... cierto...
<potranka> y no soy muy feliz
<Elchacho> ¿Por qué?
Silencio…
<Elchacho> Hheeeyyy
<potranka> ¿Tú eres feliz?
Silencio…
<potranka> Me gustan la charlas con muy buen humor y la verdad es que me gustaría que la tecla delette dorrara muchas cosas de mi pasado…
<Elchacho> Eres hombre o eres mujer...
<potranka> Mujer..
<Elchacho> dame tu descripción, mujer...
<potranka> ¿Física o mental?
<Elchacho> Física…
<potranka> Bueno, imagina… Tengo las nalgas duras como las potrancas…
<Elchacho> Uuuyyy…
<potranka>Chau…
Silencio…
Un libro que reescribe un siglo
Roberto Rubiano Vargas. Villegas Editores, 2006.
Necesitaba una historia de amor y otros cuentos de Bogotá, del narrador, fotógrafo y documentalista Roberto Rubiano, es una antología de cuentos escritos y publicados a lo largo de casi
treinta años. No es una selección convencional porque mantiene una unidad lo largo del libro. Está compuesta por dieciocho cuentos precedidos por pequeñas viñetas, relatos cortos que impactan al
lector y lo instalan en determinados momentos históricos a lo largo de un siglo de la historia violenta de Colombia.
El libro no sólo es una reedición de sus mejores cuentos sino una especie de “auto antología” con la que el autor hace una relectura de su obra. El formato, la organización y la unidad se
mantienen porque el autor cuida el tono coloquial ––que lo ha caracterizado––, los rasgos propios del género policiaco y la descripción de una Bogotá envilecida.
Pero aquí no se trata ––como en el cuento clásico policiaco–– de averiguar quién es el asesino. En estos cuentos un cadáver tirado en las lomas del barrio hace parte del paisaje ya que “un
asesinato discreto es imposible en este país donde la muerte se exhibe con vulgaridad y los asesinos no intentan ocultar sus acciones” (Arte poética). No está tampoco el viejo rompecabezas
policial puro y simple que descansa en la trama pero se retiene al lector por vínculos psicológicos e históricos antes que matemáticos. Hay mucho de crónica y de secuencia cinematográfica sin que
se pierda el elemento enigmático.
¿Qué hace que estos textos sean policiacos? En 1935 Borges delineó la forma ideal del relato policial en el ensayo “Los laberintos policiales y Chesterton” publicado en Sur con motivo del quinto
volumen de cuentos del Padre Brown, el famoso sacerdote investigador creado por Chesterton. Allí Borges definió al cuento policiaco como el más artificial de los géneros en el cual “la historia
se limita a la discusión y a la resolución abstracta de un crimen” y lo consideró como el vehículo más apropiado para el enigma intelectual.
El relato policial no es para Borges un género sujeto a fórmulas, sino un experimento constante con toda la gama de lo posible, en que un relato deberá siempre ser juzgado por el rigor y la
economía de los problemas intelectuales y que además exige una “resolución abstracta”.
Según Borges el estado puro del relato policial sólo existe en el cuento de dicho género ya que la novela policial no es un género “justificado”. “En ella me incomodan la extensión y los
inevitables ripios”, escribe, pero al tiempo admite la validez de varios autores (Dickens, Stevenson, Zangwill, Collins). Borges sabe que todo género es inestable y que vive de innovaciones, no
obstante propone seis reglas en Chesterton: número de personajes reducido, declaración de los términos del problema, economía de los medios, primacía del cómo sobre el quién, pudor por la muerte,
y una solución maravillosa sin apelar a lo sobrenatural.
Roberto Rubiano hace una criollización del género. En Necesitaba una historia de amor... asume esos parámetros borgeanos y al tiempo los rompe sin perder rigor e interés. Ninguno es
estropeado por el automatismo de esas convenciones. No cae en episodios inútiles a pesar de la exigencia de ubicar las tramas en la historia de Colombia.
Contrastando con el cuento policial típico en estos textos la figura del detective o de quien investiga no tiene relieve, los relatos prescinden de disquisiciones sobre los motivos del crimen y
sus consecuencias, no hay investigación ––prioridad en el cuento policial clásico. Pero sí constituyen actos imaginativos que nos lanzan a crímenes, atracos y traiciones, en los que la
perpetración es una de las bellas artes (De Quincey).
Necesitaba una historia de amor... es un libro lleno de cuchilladas, engaños y desquites malogrados. Una traición en la Guerra de los Mil Días, la conspiración para matar a Gaitán, el
anarquismo de los treinta, la violencia rural y partidista de los cincuenta, las desapariciones en el Frente Nacional, el derrumbe ideológico de los setenta, la burbuja económica del narcotráfico
en los ochenta y noventa, y el latiente y sanguinolento cigoto de la violencia actual son algunos de sus asuntos. Todos esos temas caben en este libro y logra decir, desde la ficción, aquello que
ni la historia ni la crónica alcanzan a decir sobre estas décadas tan atroces.
De entrada no se entiende el error de la solapa en calificar de novela corta policíaca a un excelente cuento, quizá el de mayor logro: El informe Galves. Precisamente un error que advierte
Borges: definir la diferencia por la extensión y no por el código que gobierna su cosmos narrativo.
A lo largo del libro hay una Bogotá que empuja a sus habitantes a una interioridad desolada donde el sentimiento de encierro decreta una manera de ser avecindada con lo perverso. Geografías
reconocibles (Suba, Palermo, Teusaquillo, Chapinero, La Cabrera, La Candelaria, la 13, la 7ª, San Victorino, la Panamericana, la Cinemateca, el Chorro de Quevedo, etc.) constituyen la visual de
una urbe cuyo centro (eje y epicentro) es lo marginal, lo deleznable. Una Bogotá a la que se puede definir como ‘trapera’, con inmensas migraciones internas que perdió hace muchas décadas su
carácter de acogedora villa y es hoy el albergue de la violencia de todos los siglos juntos.
Pero también se trata de cuentos coloquiales. Rubiano tiene un uso poderoso de la voz coloquial y las expresiones de lo marginal pero en ocasiones abusa de esa eficacia así como de la narración
cronológica lineal. Pareciera que a lo largo de treinta años no se preocupara por mejorar estos instrumentos que han sido usados como experimentación hasta el cansancio por las nuevas
generaciones. Raymond Carver imprecaba a esos “genios” diciendo que cualquier experimentación no es más que pretexto para la falta de imaginación. “No es más que una licencia que se toma el autor
para alienar ––y maltratar, incluso— a sus lectores. Esa escritura, con harta frecuencia, nos despoja de cualquier noticia acerca del mundo”.
Pero contrario a muchos Rubiano se resguarda en el poder de esas voces para crear personajes fabulosos. Desde la oralidad configura con tino una Cinta de Moebius de tormentos privados y públicos.
Y este es el ovillo que exige la “resolución abstracta” del crimen de la que habla Borges, porque todos estos crímenes ––a lo largo de un siglo–– son un solo crimen en medio de un país cuya savia
es la guerra, un país que exalta al delincuente y mancilla al probo.
Karl Jaspers creía que la escritura que presenta sólo lo horrible como tal, robos, crímenes e intrigas —cualquier sensación producida por procesos espantosos— no es tragedia. Lo propio de la
tragedia es que el héroe se instale en el saber trágico y que además el espectador sea conducido hasta allí. Sólo así surge la redención de lo trágico y del ser. Rubiano nos conduce hasta ese
saber precisamente por las voces. Los personajes carecen de una visión del mundo pero hablan y hablan y así se construyen.
“(...) nos conseguimos cadenas de perro, como las que usábamos hace años, el único problema es que Californio se puso a tomar pepas para tranquilizarse. Puro diazepán con CocaCola. Yo le digo que
se levante, que se ponga pilo, pero el hombre dice que no, que él no sale, que se queda con las mujeres encerrado en el cuarto de atrás. Los demás sabemos que no importa. Somos cuatro, los mismos
que antes formábamos parte de los Golden Jets. La pandilla más tenaz que existió por la cuarenta sur. (...) Ahora somos más viejos y más sabios. Hemos leído a don Carlos Castaneda. Nos hemos
visto el aura.” (Peace and love).
Ya lo dijo Derrida: El loco no se equivoca siempre y en todo, no se equivoca lo bastante. No está nunca loco. Bien podría estar loco en el momento que habla. Sus personajes tienen la vocación de
permitir que la desventura les llegue. No tienen miedo a morir, lo que les aterra es no haber vivido, no haber alcanzado un propósito.
Las manos de Simenon, Hamett, Chandler ––y el mejor de los Fonseca–– definen algunos trazos. Rubiano sabe que ––lo dice Hamett–– el gatillo de un revolver no se hala sino que se aprieta: capta la
imagen precisa y escribe el diálogo preciso.
Así como no olvidamos al Maigret de Simenon o al Mandrake de Fonseca, no olvidaremos al Juan Ramón Galves ––el desconocido autor de la novela que pretender descubrir a los asesinos de Gaitán––
cuando dice con voz agotada:
“La violencia en Colombia es la misma desde el tiempo en que mi general Bolívar se tiraba a doña Manuelita en su quinta de la Calle Diecinueve. Yo he vivido mucho más que usted, mijo, yo vi morir
a Gaitán, a Guadalupe Salcedo, al padre Camilo Torres. Estas cosas sólo terminan cuando uno mismo termina. Pero, para los demás, continúan”.
Al final del libro sospechamos que los cimientos del país son sin duda la sangre, las decapitaciones, el complot y la estratagema.
Texto finalista en el Premio de Internacional de Periodismo CEMEX-FNPI.
Publicado en el No. 51 de la revista El Malpensante.
1. Afuera
Las imágenes de la escena fueron filmadas con una cámara casera; las tomas están saturadas de luz, tienen un amarillo intenso que, ligado a la oscuridad del sitio, le dan un toque de ultratumba.
Al fondo hay voces y murmullos. La cámara se mueve constantemente pero logra enfocar muchas cosas. Se ve que una ambulancia parquea frente a la vieja reja de la entrada. Hay un corte. De nuevo
voces, esta vez de mujeres detrás de las rejas. Ruidos. Es difícil saber que se trata de la entrada del hospital San Pablo en Cartagena, pues parece una especie de garaje olvidado o en
reparación.
Dos hombres con guantes —uno de ellos vestido de blanco— bajan algo. Se puede ir identificando que lo que parece un objeto es en realidad una mujer, y que el armazón de varillas, esa especie de
carrito de supermercado viejo encima del cual han colocado cartones, es una camilla con cuerina color café. El cuerpo de la mujer semeja un manojo o una saliente, pero puede apreciarse su rostro
y parece el de una mujer de 90 años. Sus extremidades llaman la atención: son desmedidas. Los hombres depositan a la mujer sobre unos cartones encima de una especie de andén al lado de la reja
cerrada.
Se escucha la voz entrecortada de uno de los hombres:
—No me la reciben en ninguna parte.
Unos instantes después se oye a la mujer:
—Que se haga la voluntad de Dios. Déjame, déjame aquí, que ellos tienen que atenderme algún día, aquí no me van a dejar tirada...
Luego dice que tiene ardor en el estómago y da señales de intenso dolor. Hay un corte. Luego la mujer sigue hablando pero no se entiende. La cámara se queda enfocándola, los hombres salen del
cuadro y el rostro de la mujer ocupa toda la toma. Hay un desenfoque. Una luz amarilla ilumina lo que es su rostro. Ella pone una mano sobre la pared. Se oyen otra vez voces. Una sombra venida
del fondo se traga a la mujer. La toma se oscurece.
Estas imágenes, sin mayores explicaciones, serán emitidas por los noticieros nacionales de televisión. En ellas se culpará a una sola persona: uno de los hombres vestidos de blanco, el que
aparece al lado de la mujer en el video borroso. Este hombre escuchará durante días las declaraciones de autoridades, ministros, gerentes, superintendentes, defensores de derechos humanos. Los
escuchará sentado en la soledad de su casa viendo rostros indignados, enfurecidos y acusadores por la televisión.
—Me mostraron como un monstruo, como un tipo sin consideración, pero nadie se tomó la molestia de averiguar qué había pasado.
El hombre de blanco en el video es Marlon Ahumada, un cartagenero de 37 años, conductor de la ambulancia que aparece en la cinta, y quien ahora toma café frente a mí. Es de estatura mediana y
fornido, tiene un corte de pelo ralo, como militar, y sus ojos siempre están enrojecidos por un implacable pterigio. Su labio superior se mueve cuando habla, y el tic parece acentuarse cuando
charla porque Ahumada es algo locuaz. Su joven mujer, Claudia Apreso, una rubia enérgica y delgada, ha dejado de hacer oficio al fondo de la casa y ha encendido el televisor de la sala en busca
de canales internacionales. Ocurre una coincidencia significativa: el canal que sintoniza está emitiendo un programa de paramédicos y ambulancias. Se ve toda la parafernalia de las urgencias en
una ciudad de Estados Unidos.
—Hay muchas cosas que no se ven en el video —dice Ahumada mientras mira el canal.
El incidente ocurrió el 17 de octubre del 2001 y, a pesar de lo impactante de las imágenes, éstas se emitieron sólo tres meses después, como primicia por el Canal 8 de Cartagena. Es más, se supo
que alguien había tratado de sacar provecho económico de la cinta de video, pero no pudo. Sólo a finales de enero de 2002 se conoció la intervención de las autoridades.
Claudia me dice que días antes del 17 de octubre había tenido un sueño inquietante: en él veía numerosos platos de comida. Al despertar le dijo a su esposo: “Miércole, mijo, vamos a pasar una
escasez tremenda”.
***
El martes 16 de octubre de 2001 había llovido todo el día. Marlon Ahumada llegó a la Central de Atención en Salud del Nuevo Bosque a las dos de la tarde. La Central es un sitio pequeño, una
especie de centro de salud con patio, y era el sitio de trabajo de Ahumada desde hacía dos años. En esta entidad conducía una “móvil”, como le dice a la ambulancia de la entidad prestadora de
salud ESE Cartagena de Indias, responsable de una especie de 911 —el número de urgencias paramédicas en Estados Unidos— para toda la ciudad y sus corregimientos.
Con el fin de convertirse en conductor de ambulancias Marlon Ahumada pasó varias pruebas y cursos. Pero como era experto en el manejo de camiones, no tuvo muchos problemas para conseguir el
puesto.
Ahumada —padre de seis hijos, tres de ellos varones— trabajaba solitario cada noche atendiendo casos delicados, pacientes entre la vida y la muerte, y tenía que entrar a barrios de difícil
acceso. Pero lo que realizaba básicamente eran traslados de un centro hospitalario a otro.
La móvil es un furgón al que le han puesto vidrios polarizados a los lados, un pequeño extractor de aire y una luz tenue en su interior. Esta ambulancia no es como las que están apareciendo en la
televisión de Ahumada; carece de medicamentos y de desfibrilador (esos aparatos que sueltan estallidos eléctricos para resucitar) y de los artefactos de los equipos paramédicos. Lo que sí tiene
es un tanque de oxígeno y la camilla plegable (ecualizable, le dice Ahumada).
El asunto empezó cuando Bartolo Alvarado, el conductor de la móvil durante el turno de la mañana, fue llamado por radio desde la estación de la Cruz Roja, una central de operaciones de la ciudad
ubicada en el barrio España. En ese momento el operador le informó que en el corregimiento de Pasacaballos, a pocos minutos de Cartagena, después de la zona industrial de Mamonal, había una
paciente en estado crítico. A través de un camino sinuoso, pues se realizaban arreglos en un tramo de ocho kilómetros, Alvarado llegó al puesto de salud y con sólo ver el rostro de la mujer supo
de qué se trataba: una paciente con deshidratación aguda a causa del VIH. La mujer era Carmen Helena Ruiz. Una familia del pueblo le había dado albergue por unos días en un cambuche construido en
el patio. Allí durmió y recibió alimentos hasta cuando su estado de salud se complicó por una diarrea intensa. Algunos vecinos decidieron llevarla al centro de salud en una especie de carretilla,
donde habitualmente los lugareños transportan escombros.
Al pie de la mujer estaba Rosa Bermúdez, una auxiliar de enfermería:
—Está descompensada y además es una vinculada —dijo Rosa.
En el sistema de salud se utiliza el eufemismo vinculado para designar a quien está en realidad desvinculado de todo el sistema de salud y no puede recibir ninguna atención médica. No había
pañales desechables, así que con bolsas y con esparadrapos improvisaron una especie de taparrabos para tratar de detener las secreciones de Carmen Helena.
Alvarado informó a la central de radio que trasladarían a la paciente a otro centro asistencial en donde pudiera recibir atención adecuada. Allí comenzaron las complicaciones. El Hospital
Universitario de Cartagena, el único de tercer nivel en la región, llevaba más de un mes cerrado. Las urgencias las estaba atendiendo el San Pablo, que antes era un centro con especialidad en
enfermos mentales y pneumopatías, pero que en ese momento, después de unas reparaciones locativas, trataba de ampliar la gama de sus servicios.
Llegaron al hospital San Pablo, y en la puerta de urgencias les dijeron que no podían atender a la enferma, así que Alvarado y Bermúdez tuvieron que devolver a la paciente al puesto de salud de
Pasacaballos.
A las dos de la tarde Marlon Ahumada recibió su turno y Alvarado le informó sobre la situación de la enferma terminal. Cuando Ahumada se comunicó con la central de la Cruz Roja, le dijeron que
debía buscar a la paciente porque ahora sí estaban seguros de que le iban a prestar atención. Allí, ayudado por Rosa Bermúdez, Ahumada subió a la paciente a la ambulancia. Bermúdez decidió
acompañarlo para hacer los trámites de ingreso. En el camino, Bermúdez dio datos breves sobre la enferma: es una paciente terminal, los vecinos no saben qué hacer con ella, tiene familiares en
Buga, tiene hijos que no conoce, un amigo suyo la había llevado a Pasacaballos hacía un tiempo.
En la entrada de urgencias del hospital San Pablo en el barrio Zaragocilla, Ahumada y Bermúdez bajaron de la ambulancia con la orden remisoria, pero el vigilante dejó entrar sólo a Rosa Bermúdez
y a la paciente. A Marlon lo detuvo. El vigilante cerró la reja de la entrada y, mirando a Marlon a los ojos, le dijo:
—Esa enfermera sólo sale de aquí con la paciente.
—¿Y eso? —replicó Ahumada.
—Esa paciente no se puede atender aquí.
Rosa Bermúdez se quedó adentro con Carmen Helena y pudo ver que en cada rincón había pacientes de urgencias que se quejaban, algunos estaban en el piso y había heridos. Rosa sintió el olor a
medicamento esparcido y ese tenue aire de angustia de los hospitales. Notó cerca de 50 personas apretujadas en un espacio muy reducido. No se sabe qué logró hablar con los médicos, pero cuando
trató de salir el vigilante la detuvo y la regañó:
—Usted no sale de aquí sin la paciente.
—Pero si ella necesita ayuda —respondió.
—Ya le dije que usted no sale de aquí si no es con ella.
Afuera Ahumada veía lo que pasaba. Un hombre mediano, algo obeso, se le acercó a Bermúdez. Su bata mostraba algunas manchas de sangre, tenía guantes y sudaba.
—Esa paciente no puede entrar aquí. Está en fase terminal y es imposible atenderla —le dice a Bermúdez.
Nadie le explicó a Marlon que ese hombre era el médico, pero él lo dedujo. El médico señaló con su mano enguantada el panorama de pacientes en el poco espacio.
—¡Mire! Cualquiera podría contaminarse.
—Entonces ¿cómo hago con esta paciente? —dijo Ahumada al otro lado de las rejas.
—No sé. Pero aquí no se puede quedar —respondió el médico desde adentro.
—Le dije que no sabía dónde llevarla —me asegura Ahumada, mientras conversamos en su casa—, que la paciente era indigente y que el Universitario estaba cerrado y que la institución obligada a
cumplir el plan de contingencia era el hospital San Pablo, pues había hecho una contratación con el Departamento de Salud Distrital, pero nada. Salió la jefa de turno, Mary Castillo, una señora
gordita y con cabello rubio, y me dijo lo mismo. Que no podía quedarse.
Ahumada y Bermúdez decidieron devolverse a Pasacaballos con la paciente. En el camino, Ahumada informó por radio sobre la situación al controlador de la Central de la Cruz Roja.
Esta vez la llevaron a la casa donde estuvo alojada, pero al llegar vieron con asombro que la gente estaba aglomerada en la calle. Comenzaron a dar vueltas en torno a la ambulancia y miraban por
los vidrios a la enferma. Más de uno tenía el ceño fruncido. Del gentío salió una voz: “Esa mujer no debe quedarse aquí, deben evitar una contaminación en el pueblo. Aquí nadie está preparado
para eso”. Decidieron, entonces, llevarla al puesto de salud de Pasacaballos hasta el día siguiente. Allí consiguieron una camilla, en donde Carmen Helena logró dormir unas horas.
—El 17 de octubre a las dos de la tarde llamaron otra vez a mi compañero Bartolo Alvarado para el traslado de la paciente. En Pasacaballos la licenciada Rosa Bermúdez le dijo que había hablado
con un funcionario del Dadis (Departamento Administrativo Distrital de Salud), de nombre Otto Durán, quien le aseguró que la paciente podía ya ir al San Pablo, que la recibirían sin ningún
problema.
En vista de eso, Alvarado se trasladó hasta el San Pablo. Allí el vigilante le dijo de nuevo:
—Esa paciente no la recibimos.
Molesto, Bartolo se desplazó con la paciente a la Clínica Central y a la Clínica Club de Leones. En la Central, entidad dueña del sistema de ambulancias, el médico le dijo que ya no había
contrato con el Dadis, y en el Club de Leones que no podían recibirla por tratarse de una paciente terminal.
Bartolo volvió al San Pablo. De nuevo le dijeron que no podían atenderla. A la entrada estaba Óscar Filadelfo Palomino, un lavador de carros que vio la escena varias veces en esos dos días y se
acercó a la puerta abierta de la ambulancia. Miró un momento a la mujer y le regaló una bolsita de agua.
Cuando regresaron a Pasacaballos, un cordón humano les impidió llegar al centro del pueblo, y un hombre, al parecer el líder, se les acercó con amenazas: si dejan a la enferma en el centro de
salud, apedrearán la ambulancia. En ese momento Carmen Helena comenzó a quejarse del dolor y empezó a llorar, después de veinte horas de diarrea imparable. Rosa Bermúdez se las ingenió y logró
ponerle con bolsas de basura otro taparrabo mientras el gentío alrededor aumentaba. Horas más tarde Marlon Ahumada tomó su turno y lo primero que hizo fue prometerle a Carmen Helena:
—¡Te van a recibir en algún sitio, tienen que atenderte!
—Yo pensaba en lo que pensaba ella —me sigue diciendo Marlon—. Me partía el alma ver cómo una persona podía quedar en ese estado por el desorden de su vida, pero lo que me molestaba era el
desdén. En ninguno de los centros adonde llegaba esa muchacha ningún médico se acercaba a verla, siempre había otros asuntos más importantes... A cada rato ella me pedía agua. Compré varias
bolsas y se las iba dando. Era lo único que podía hacer. Yo me protegía de sus secreciones, pero éstas caían en el piso de la ambulancia... Llegué a San Pablo nuevamente y me bajé con la
remisión. A esas alturas una aficionada con una cámara de televisión me estaba buscando. Alguien le había dicho lo que estaba pasando, pero no pudo verme porque ella estaba dentro de la sala de
urgencias. Afuera el personal de turno volvió a decirme: “Esa paciente aquí no entra”. Salió el médico gordito y dijo: “Esta paciente aquí no entra”. Apareció Mary Castillo, la jefa, y dijo: “No
puede entrar porque es una paciente terminal y aquí no se puede tratar”. La mujer levantó la mano al aire y me dijo: “¡Entienda!”. Nos fuimos a las palabras. Les dije que tuvieran sensibilidad,
porque eso le podía ocurrir a un familiar de ellos. Nada.
Ahumada volvió al Club de Leones y allí un médico de urgencias le dijo que era necesario estabilizar la diarrea. Regresó a la Clínica Central y volvieron a explicarle lo del contrato, el mismo
argumento del día anterior. Decidió volver al hospital San Pablo. En el camino se bajó y revisó a la paciente. Estaba muy mal. Pedía agua. Lo miró a los ojos y soltó una de las frases que Ahumada
nunca olvidará en su vida:
—¡Cuando sea más tarde me dejas en un parque, y listo!
—Pero le dije que no, que alguien tenía que ayudarla. Que alguien tenía que ayudarnos. Cuando llegué al San Pablo encontré un candado puesto en la reja. De nuevo salió el grupo de Urgencias. Yo
comencé a rogarles. Que no sabía qué hacer con esa paciente, que lo hicieran por una vida, o por lo menos para que muriera como la ley manda, y me dijeron:
—Eso se sale de nuestras manos.
El controlador de la central de operaciones de la Cruz Roja, Alberto Bobadilla, hizo una línea de 500 buscando a Rosa Bermúdez y al doctor Otto Durán, pero fue imposible. Me desplacé hasta las
oficinas de la ESE, mis jefes, en el barrio La Esperanza, pero nada: cuando llegué sólo estaba el vigilante.
***
Las nueve de la noche. Marlon Ahumada siente más intensa su desesperación y ve que
nadie hace nada. Da vueltas por algunas calles, recorre dos o tres barrios. En la avenida Pedro de Heredia, a la altura de María Auxiliadora, se detiene a comprar agua. Sube y ve de nuevo a
Carmen Helena. Ésta lo vuelve a mirar y le repite:
—A las diez me dejas en un parque, ¿oíste, mijo?
Lo de “mijo” le cala hondo a Marlon. El hedor es intenso y el pequeño extractor es insuficiente para sacar el aire contaminado. Vuelve al hospital San Pablo y ahora está lleno de ira. A quien primero encuentra es al vigilante, y entra en polémica. El vigilante se mantiene en su posición. Manoteando el aire, Ahumada suelta varios madrazos. Pero eso no le importa a nadie y vuelve a oír la frase:
—Esa paciente aquí no entra.
La gente que está afuera se amontona para ver el asunto. Desde el tercer piso Delys Pernett, una trabajadora social que tiene a su hermana hospitalizada, está viendo lo que ocurre. Ahumada vuelve a comunicarse con la central de la Cruz Roja y recibe una aclaración definitiva:
—Marlon, no podemos hacer nada, tú sabes que somos simples tramitadores.
Ahumada enciende de nuevo la ambulancia, esta vez para aplacar su ira, y da otras vueltas sin destino, llevado por la rabia. Piensa en la posibilidad de hacer lo que ella le pide desde hace varias horas: dejarla en un parque, pero se arrepiente de pensarlo. Llega a una conclusión: que la fetidez nunca se le quitará de las fosas nasales.
Mientras tanto, Alberto Bobadilla, el operador de radio, trata de llamar por celular a uno de los médicos, pero es imposible. Nadie puede comunicarse con las autoridades ni con los responsables. Ahumada y Bobadilla deciden llamar a la Fiscalía, en donde les dicen que en pocos minutos llegará la policía, porque se trata de un caso de omisión de socorro.
Ahumada vuelve a las urgencias del San Pablo. Y al subir a la parte trasera de la ambulancia siente otra vez el hedor y se da cuenta de que a Carmen Helena se le ha acabado el líquido de hidratación. Lo único que puede hacer es darle agua. Carmen Helena repite que no le dé más vueltas y que la deje en un parque. Pero llegan los agentes de policía De Meza y Freddy Vásquez a eso de las diez y media de la noche. El portero, quien recibe órdenes de Mary Castillo, se pone en la entrada, coge aire y les dice a los agentes:
—Lo siento, pero esa paciente no puede entrar.
En seguida cae una lluvia de argumentos por parte de Mary Castillo, del médico y de los auxiliares. Castillo le advierte al vigilante que bajo ninguna circunstancia deje entrar a esa paciente.
Los policías discuten con los médicos, pero al final desisten y le dicen a Marlon:
—No podemos encuellar a los médicos para que reciban a esa paciente...
—Mi hermano, ¿qué hago? —les pregunta Ahumada.
—No sé, pero eso se nos sale de las manos.
La noche avanza. La ambulancia empieza a gotear por la puerta y está mojando la entrada del San Pablo. La gente se aglomera de nuevo.
Marlon enciende la móvil y la echa a andar unas tres cuadras, pero no tiene adónde ir. Así que decide volver y dejarla en donde ella se lo pide.
Ahumada recuerda que en el Centro de Salud del Nuevo Bosque le habían dado unos guantes y un tapaboca. Entonces, a las 10 y 40 de la noche, ayudado por Óscar Filadelfo Palomino, decide usarlos para bajar a la enferma.
—Ahí es donde ella me dijo: “Bájame, mijo. Bájame”. Y yo le contesté: “No, tú no te puedes quedar aquí”. Pero la verdad es que era más deprimente verla como estaba en la móvil que como la dejé ahí en la puerta. En ese momento, apareció una muchacha con una cámara de televisión y grabó todo y es lo que sale diciendo ella, lo de que se haga la voluntad de Dios.
En ese instante todos los funcionarios del San Pablo se asoman y se quedan en silencio, incluso quienes más se habían opuesto a atender a Carmen Helena. Ese instante, sólo ese instante, quedó grabado para la posteridad. Ttanto Ahumada como Palomino sabían que la escena estaba siendo grabada.
—La paciente me lo dijo tantas veces hasta que me convencí de que lo mejor era dejarla en la puerta de Urgencias. Presumí que con la grabación las autoridades se enterarían de lo que estaba pasando. Me tocó comprar el hipoclorito para lavar la móvil toda la noche. A las 11 y 20 por radio me avisaron que a los pocos minutos de haberme ido metieron a Carmen en el hospital.
El video salió al aire sólo el 14 de enero, tres meses después de haber sido grabado. Los medios de información calificaron el hecho como un episodio de indolencia, y las autoridades se encaminaron a buscar culpables.
Una vez divulgado el video, la ESE Cartagena de Indias, la entidad responsable de la móvil, nombró un investigador. Todos los hechos de esas dos noches quedaron anotados en unos papeles que se llaman bitácoras. Los funcionarios de la ese se llevaron estos papeles, pero Marlon Ahumada tuvo la precaución de hacer fotocopias, y con ellas pudo defenderse.
—No me siento culpable de nada porque no tuve mala fe. Pero me dio soberbia que para hacer noticia destrozaron la integridad moral de mi persona. Conmigo barrieron y trapearon todo el país, quedé como un asesino.
Ahumada aduce que, por haber recibido durante largo tiempo los gases de las excrecencias de Carmen Helena, se infectó seriamente las amígdalas y que por ello lo hospitalizaron. Aún recuerda con nitidez esos olores.
2. Adentro
Carmen Helena Ruiz nació en Buga en 1966. Fue la menor de cinco hijos y vivió con su madre hasta cuando ésta murió, siendo ella adolescente. Los otros hijos se quedaron con el padre y ella se fue
a vivir con el padrastro, Gustavo Ruiz, a quien llamaba “papá”. Cuando cumplió 15 años, Ruiz le dijo la razón brutal de su crianza: “Todo este tiempo te he criado, pero para que seas mía”. Desde
ese momento empezó a maltratarla. Cuando los hermanos la visitaban, Ruiz le quitaba los obsequios y el dinero e, incluso, pisoteaba los dulces y chocolates que le llevaban. No quería que tuviera
contacto con sus hermanos. Todavía adolescente, Carmen Helena terminó siendo la mujer de Ruiz, quien abusaba de ella en forma permanente. Un día, desesperada, intentó atacarlo con unas tijeras y
un cuchillo, pero no pudo hacerle daño.
Más tarde, después de escaparse de la casa, conoció a un hombre mayor que ella, con quien se fue a vivir y de quien quedó embarazada, y tuvo su primer hijo. Pero su segundo marido también la
violaba, hasta que una noche, cansada de los maltratos sexuales y mientras él dormía, Carmen Helena se armó con un punzón, lo atacó y se fugó con su hijo. Nunca supo si la herida lo dejó vivo o
muerto. A su pequeño hijo lo dejó con la hermana de su padrastro, su primer marido.
De eso hace 17 años. Carmen Helena, que por ese entonces estaba hermosa, se fue a buscar una mejor vida al Putumayo. Allí conoció a un militar casado de quien se enamoró de veras. Vivió con él y
pudo estudiar hasta cuarto de bachillerato, pero quedó embarazada de nuevo. Un día, ya cercano su parto, fue a visitarlo en la base, pero se enteró de que lo habían trasladado —nadie sabía
adónde—, y nunca más supo de él. Así que decidió regresar con su padrastro, quien vivía con otra mujer. Una vecina de éste le dio alojo el primer día. La nueva compañera de su padrastro, a
escondidas, le dijo que podía vivir con ellos.
Delys Pernett es una mujer negra y gruesa, de unos 40 años, que tiene un marcado aire maternal. Con ella Carmen Helena pasó sus últimos días. Delys me contó, en el patio de la iglesia evangélica
a la que asiste, lo que entonces ocurrió con Carmen Helena:
Ella me dijo en varias oportunidades que le había tocado trabajar duro, sobre todo cuando dejó al primer marido. Carmen Helena recordaba que el padrastro tenía carro y la noche en que alumbró
cayó un intenso aguacero. Sin embargo, él no quiso llevarla. Tuvo que caminar con la señora de éste varias cuadras para tomar un taxi. En ese momento, Carmen Helena tenía 18 años y no había
comenzado a consumir drogas.
Después de que Carmen Helena dio a luz, para ella todo fue oscuro. La niña del segundo parto se la dejó a la familia de la esposa del padrastro. El año pasado su primer hijo cumplió 20 años, y la
niña debía tener 19. Nunca más pudo comunicarse con ellos. Trabajó en muchos bares de varias ciudades del país. Cuando llegó a Cartagena, la ciudad le gustó y se quedó en el barrio La Candelaria.
Empezó a tener vida de prostituta, se dedicó al sector de Cartagenita, y luego frecuentó los barcos de carga ofreciendo sus servicios. Había sido gruesa, alta, con el cabello largo y con un
mechón de canas en su frente. Pero a los 30 años se le veían ya los estragos de la droga. Los hombres dejaron de buscarla. “Yo era hermosa”, me decía, “era la más linda, pero todo acaba... Todo
acaba”.
Vivió y durmió debajo del Puente Román durante cuatro años, donde anduvo con cuanto indigente se acercaba. Y seguía subiendo a los barcos. En Pasacaballos vivió un rato en la casa del Mono
Juárez, un amigo que la atendió en sus últimos días. Él la había conocido antes y parece que se había enamorado de ella, pero le tocó vivir su etapa terminal. Al principio ella no quiso, pero
cuando le empezó la diarrea decidió aceptar la invitación del Mono. Demoró mes y medio con la diarrea antes de ir al hospital. Fue El Mono quien la llevó al puesto de salud de Pasacaballos.
A Delys Pernett le tocó presenciar junto con su madre los sucesos de la noche del 17 de octubre. El aspecto de las Urgencias del San Pablo era el de un campo de batalla. En cada rincón había
heridos, enfermos que se quejaban. Faltaban pocos días para el inicio de las fiestas del 11 de noviembre y en Cartagena no había, literalmente, un hospital que atendiera las urgencias de una
ciudad de casi un millón de habitantes. Pernett vio gente que esperaba a ser atendida en los pasillos, en el piso e incluso en el patio. Pudo ver al final de un pasillo a Carmen Helena, apartada
de todos. El hedor se extendía por todo el recinto. Los pacientes estaban asustados, porque algunos tenían heridas serias.
Yo veía —dice Delys—que el conductor se subía y se bajaba una y otra vez de la ambulancia. Al final Carmen Helena le dijo: “Déjame aquí”. Supe por mi hermana que ella se atrevió a decirle a la
gente y a la policía: “¡Péguenme un tiro! ¡Por Dios, péguenme un tiro!”. Una de las cosas que más me impresionó fue que, ya dentro del hospital, la dejaron en un viejo cuarto del patio. Supe
después que era el cuarto en el que dejan a las personas que mueren en el hospital cuyos cuerpos esperan la autopsia o el reclamo de los familiares. Ellos la colocaron allí sin que hubiera
muerto.
La gente la miraba de lejos. Era como una cosa que causaba curiosidad. Cuando llegó no estaba tan delgadita, se paraba y tenía fuerzas para ir al baño, caminaba y hablaba. Al día siguiente,
cuando yo bajé, ya ella misma cogió la colchoneta, salió del cuartico de los muertos y se fue a Urgencias, en lo último de Urgencias, al lado de la puertecita para ir al baño. La trabajadora
social le hizo varias preguntas y trató de ayudarla. Le trajo comida y jugos, pero sólo pudo hacerlo el primer día.
Pedía que la atendieran pero en todo ese proceso no recibió ninguna ayuda. La dextrosa y los alimentos se los dábamos algunas personas que teníamos familiares hospitalizados. El hospital no le
dio atención. Tengo elementos de juicio para decir que no la atendieron. Incluso el vigilante le tenía rabia porque a cada momento molestaba por lo de su olor en la Urgencia.
No sé por qué, quizá porque tenían que hacer muchas cosas, pero los médicos llegaban y ni siquiera la miraban. Es más, mi hermana y yo le compramos pañales, le conseguimos ropa y trapos para que
ella se limpiara.
Un día nos pidió una dextrosa: “Por favor, cómprame una dextrosa para que ellos me la pongan que estoy segura de que yo me voy a parar de ésta”. Cuando llegué con la dextrosa había cinco personas
entre enfermeros y enfermeras, a quienes les dije: “Esto es para Carmen Helena”, y me dijeron sorprendidos: “Carmen Helena, ¿la señora que tiene sida? ¡Fulanito, ve tú! No, que eso te toca a ti,
zutanito tú”. Se pasaban el balón...
Y una enfermera me dijo: “Para qué le van a poner esto si ya ella ya no necesita dextrosa, ella la necesitaba el día que llegó, pero ya no”. Sentí que se estaba despreciando la vida humana. No vi
interés de los médicos ni de las enfermeras. Fue marginada por el solo hecho de ser indigente, porque yo fui testigo de que allí llegó una joven que también tenía sida, y la aceptaron.
En esos días varias personas murieron en ese lugar en condiciones terribles. Vi que un señor de La Boquilla murió en el piso. A mí me tocó atender algunos en el patio, pararlos del suelo sucio.
No había tazas sanitarias, el patio tenía barro negro. Había muchos pacientes en la tierra.
A mi hermana, que tenía una enfermedad grave porque le tuvieron que amputar una pierna, la tuvimos dos noches acostada entre dos personas. Carmen Helena era consciente y reconoció sus errores.Yo
sé que Dios es quien debe perdonarla. Traté de darle un mensaje de amor. Se sentía desgraciada. La primera persona que marcó su vida fue su padrastro. “No debí nacer”, decía, “¿para qué nací?”.
Comenzó a sacar lo que era ella. Le hablaba de Dios y durante quince días la bañé. Lo que le gustó fue que no la rechacé. Por esos días le nació el deseo de que la familia viniera a verla. Me dio
un número telefónico pero nunca contestaron. Hice todo lo posible, mandé cartas a una dirección que me dio, y no tuve noticias. Decía a menudo: “Si se me para la diarrea, yo sé que salgo de
ésta... Ora, ora para que se me pare la diarrea...”.
Ella hablaba y hablaba. Nunca dejó de hablar... Estaba en la esquina de Urgencias. De allí el vigilante la sacaba a menudo y la gente de Urgencias pedía que la quitaran de ahí. Así que volvían a
llevarla al cuartico de los muertos. Pero ella, gateando, volvía a su sitio, creía que si estaba con los muertos se iba a morir. Gateaba y llegaba por el pasillo, gateaba quejándose todo el día
de su dolor en el abdomen, un dolor constante...
Un día una señora me dijo: “Hoy amaneció mal, porque está quejándose de todo, y está insultando a Dios”. “Para ya, mi Dios, yo me quiero morir rápido... ¿Por qué me has dejado así?”, gritaba.
Pero después me dijo: “Negri, yo me paro de esto”, y me soltaba una sonrisa. Un mediodía llegué y vi que estaba sin dextrosa. Me dijo que una aseadora había enredado el palo del trapero con el
tubo de plástico, pero como no quería tocarla cogió la escoba, la enrolló y la echó a la basura... Sin embargo, esa vez no se puso triste.
Ella tenía sólo el techo porque ni siquiera tenía camilla. Cuando ya la colchoneta no le servía, le conseguimos unos cartones. Nunca se me olvidará el rostro de los celadores, porque le decían
palabras groseras. Recuerdo uno bajito, de bigotes. Creo que su esposa es enfermera del San Pablo.
La comida se la daban en un tarro. Le conseguimos un vaso grande, le conseguimos noni y agrás, y tomaba su jugo. Seguía con la diarrea pero comía cualquier cosa creyendo que así sobreviviría. Al
final todo eso terminó en la basura.
Una de esas noches llovió torrencialmente y al día siguiente la encontré metida en el agua. No tenía fuerzas y temblaba. Una mujer que estaba con un familiar en Urgencias y yo le lavamos la
colchoneta. Toda la ropa que le habíamos conseguido estaba mojada. Así se le fue acabando hasta que se quedó desnuda. Esperó su muerte completamente desnuda en el piso. Luego no pude conseguirle
ropa, quedó desnuda como una semana. Todo el que pasó por ese sitio durante esos días pudo ver la indiferencia con la que fue tratada...
La tarde antes de morir no pude ayudarla porque era imposible. Ella me miraba como entendiendo, porque no tenía por dónde agarrarle. Tenía llagas en los brazos y las piernas. Los brazos le
crecieron. No pude ayudarla. Murió el 31 de octubre de 2001.
Cuando salió el video vi que estaban siendo injustos y decidí hablar. Es injusto porque a Carmen Helena nunca la atendieron en el hospital y nadie hizo nada. Cuando me enteré del problema que se
le había formado a Marlon Ahumada, yo hablé con la esposa y decidí declarar ante la Fiscalía. Pero veo que la cosa no ha ido a ninguna parte; todavía estoy esperando que me llamen.
***
Cinco meses después del hecho, ni Mary Castillo ni ninguno de los médicos del hospital San Pablo que atendieron el caso han accedido a ser entrevistados, como tampoco lo han hecho el vigilante e incluso el director. Sólo un joven médico auxiliar, Walter Fontalvo, se ha atrevido a hacer unas declaraciones. Me aseguró que todo lo que dicen Delys Pernett y Marlon Ahumada es falso, que sí se atendió debidamente a Carmen Helena Ruiz hasta el momento de su muerte, aunque ésta lanzaba insultos y era grosera con todos. Que la verdad es que durante los días del cierre del Hospital Universitario, en los que tuvieron que atender las urgencias de la ciudad, no se tenían los elementos para dar una atención debida, pero que en ningún momento Carmen Helena estuvo tirada en el suelo ni en el cuarto de los fallecidos, que recibió una atención humana y que si ocurrió alguna falla, es del sistema.
Por el evento las autoridades sancionaron a varias entidades: la ESE Cartagena de Indias, la Central de la Cruz Roja, el Dadis y el hospital San Pablo. Pero la responsabilidad moral ante los
medios ha recaído sobre Marlon Ahumada, quien tuvo que interponer una tutela para no perder su empleo en la ESE. Fue suspendido durante tres meses, confirmando así el sueño premonitorio de
escasez que tuvo su esposa. Todavía conduce su móvil y, aún, sin auxiliares.
http://www.fnpi.org/premio/2003/finalistas/
http://www.fnpi.org/premio/2003/finalistas/pdf/2003CSC191.pdf
Publicado en la revista Soho.
http://www.soho.com.co/wf_InfoSeccion.aspx?IdSec=183
Dos cronistas (J.J. Junieles y Juan Carlos Guardela) estuvieron en Cartagena, justo el fin de semana en que se celebra el reinado y cuando más turistas acuden a La Heroica, pero en sectores que llevan realidades muy opuestas. Así se vive en la ciudad más turística de Colombia.
Por: JUAN CARLOS GUARDELA VÁSQUEZ.
Fotografía: Finley Garside © 2008
http://www.soho.com.co/wf_InfoArticulo.aspx?idArt=8143
En los extramuros de Cartagena no se puede hacer nada si no se ponen a sonar grandes aparatos de sonido al lado de los cuerpos.
El sonido de los bailes al fondo de los barrios es el único horizonte. Es la ciudad que muchos conocen pero que desaparece cuando se encienden los set de televisión o el plató de cine. Los que creen en la pobreza como postal es posible que supongan que basta con levantar la mano en el aire asoleado de estos barrios para sentir la estática del desespero.
Pero no.
No confundan hambre con desesperanza porque toda esta gente baila. Baila, aunque no lo crean, al lado de la nata de los sumideros. Cuando el caño crece y cuando se seca, bailan. Si ponen dos palos como cimientos de una casa, bailan. Y más cuando las mujeres están pariendo.
Bailan, siempre, aunque los barrios encopetados se espanten.
En muchas partes el baile tiene formas estilizadas y nombres diversos, pero allí bailar es algo más, es una manera de acceder a un poder todavía no saqueado. Por eso el frenesí y la extravagancia son la medida de lo que existe.
***
Pasacaballos es un corregimiento de Cartagena fundado por esclavos negros hace 233 años. Está ubicado a dos kilómetros del complejo industrial de Mamonal, a un lado de la desembocadura del Canal del Dique y estancado hace décadas. Tiene más de 17.000 habitantes que resisten. La mitad de su población (el 49%) es menor de 18 años. Casi todas las muchachas a sus 15 ó 16 años ya tienen sus primeros hijos al hombro constatando que hay algo en toda esa latitud bulliciosa que hace hervir las células desde temprano.
Al llegar lo primero que se siente es la brisa salobre de la bahía. Cuatro calles en forma de L, dos parques, tres invasiones recientes. Pareciera que esa fisonomía hubiera sido diseñada para la marginalidad y la exclusión.
No son gente de problemas. Todo conato de reyerta no pasa de ser un revirar al aire, manoteo de mujeres macizas, gritería que culmina en goce.
La razón es que aún late un aire apacible (rural quizá) y cierto respeto por los mayores, además de una filosofía de la vida asumida sin inconvenientes. Un senequismo primordial que deberíamos copiar. Son más de 17.000 habitantes cuidados solo por cinco policías: un comandante y cuatro agentes con dos motos. En cambio, en la ciudad del fondo, la ciudad de las marquesinas y los vítores, más de 650 agentes resguardan a 25 muchachas en el Concurso Nacional de la Belleza.
***
Cartagena tiene un aparato económico diversificado con industria manufacturera, turismo, comercio, actividad portuaria y de servicios. Pero el desfase entre pobres y ricos demuestra una estructura económica con características de sociedades en estado de supervivencia. Ni siquiera entre la refinería de petróleos y las plantas químicas (que aparecen entre las grandes manufactureras de Mamonal, vecino rico de Pasacaballos) hay encadenamientos. Su situación se asemeja más a una economía de enclave que a una integrada, según expertos.
Hoy pocos nativos de Pasacaballos trabajan en las más de 620 industrias que funcionan en las vecindades. Hay dos escuelas y un instituto técnico. Menos de la mitad tiene empleo. La pesca y la escasa agricultura son las únicas posibilidades de ganarse la vida. En el 2007 llegó en alcantarillado, pero un 80% ya no funciona porque se taponó, sin embargo la empresa cobra su uso mientras las calles se inundan de aguas servidas.
En los años 70 y 80 la zona sufrió estragos por el derrame de sustancias químicas en algunas industrias. Hubo un tiempo en que nacieron niños con un dedo de más en las extremidades. De eso se hicieron estudios, pero no pasó nada.
El 8 de diciembre de 1978 a las 9 p.m., un tanque con 42 toneladas de amoniaco estalló en Abocol y el pueblo (que bailaba) fue sorprendido por una nube tóxica que mató a 36 personas.
En junio del 2005 el escape de una sustancia tóxica dejó 70 afectados. Nunca se supo qué sustancia fue, ni cómo ocurrió. Primero dijeron que se trató de un derrame en un barco y luego que fue un accidente en el complejo. No hay investigación al respecto y aún no se explica cómo el sector industrial carece de protocolo de emergencia a pesar de las inmensas divisas que arroja.
***
Al lado de Pasacaballos hay tres invasiones. Son extensiones suyas, nacieron de sus mismas carencias.
Benkos Biohó: nombre en honor a un negro cimarrón de Guinea que dio batalla a los españoles en una portentosa y cinematográfica trama histórica.
La Cangrejera: con cuatro calles donde cangrejos desfilan sobre escombros y légamo.
Y, la última, desalojada tres veces por la Policía: la Madre Herlinda Moises, en nombre de una misionera austriaca que trabajó 40 años en el sector y que fue perseguida y torturada en los años 80. Moises fue una mujer con un temple pocas veces visto en la bahía. Cuidó la salud y la educación de muchos. Su legado es valioso.
Un día se encarajinó con tanto baile y mandó a pintar la entrada del cementerio con una admonición: "Hasta aquí llegó tu orgullo".
La reprimenda causó efectos, demoró lustros. La borró solo la intemperie. No hay duda de que el orgullo al que se refería Moises no era el envanecimiento ni la altivez relapsa. Lo que avisaba la madre con la sabia premisa era que todo baile cesaba con la muerte.
Así que desde ese momento, llevados por una lógica motivación, los pasacaballeros redoblaron su frenesí por el meneo.
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Es sábado al mediodía. Al fondo de los locales siempre hay un televisor sintonizado en el canal local de Pasacaballos. Un joven presentador bastante doméstico y bonachón anuncia los principales eventos. Esta vez notifica que en la "zona rosa"—la Calle Real— ya se han encendido los picós, aparatos de música que tienen que calentar con horas de antelación. Con rodeos anuncia que esa noche en la canchita de microfútbol tocará El Rey de Rocha, una especie de tótem musical ensordecedor capaz de alterar el amperaje de un pueblo entero. El aparato trae 20 operadores y un cantante: el famoso Walditrudis, que viene "con los más pegados" y que hace sus presentaciones con pista y todo.
El Rey de Rocha tiene 20 años de historia musical, es contratado como si fuera una orquesta, viaja por pueblos y ciudades e incluso lo contratan para animar barriadas enteras en Caracas.
***
En toda esta extensión hay un tratado de estética que no se conoce. Se necesitan ojos nuevos para detallarlo: las cursilerías en los anuncios de fiestas, el glamour de los talleres de latonería y pintura, el desfile de las barcazas de maderas tristes, el goteo, los llamados, los ladridos lejanos.
Los niños juegan con cajas de cervezas en los charcos, buscan racimos de cangrejos.
Hay una playa de barro a orillas del Canal del Dique donde un ferry quejoso lleva y trae automóviles hacia la isla de Barú.
A un lado hay un restaurante de comida corriente que se inunda con la marea. Un niño rasga con vigor acuciante el fondo de un caldero. Se siente entonces el tropel de mujeres haciendo comida y el olor de la fritanga y ponen con escándalo palanganas de jureles, sábalos y lebranches y otros peces de vientres plateados a los que nadie les sabe sus nombres. Son pescados que parecen seguir mordiendo después de fritos. Tienes que chorrear limón sobre esa gordana exquisita. Al lado te ponen cucharas de totumos, lingotes de yuca y ñame con suero chorreado, un botellón de ají chivato lleno de cebollas y ajos fermentados en agua de panela, y un platón de plástico donde te echan unos tres cuartos de litro de sopa de pescado, para que no te quejes. Lo cual no está muy lejos de las bodas de Camacho. Todo no supera los 5.000 pesos y eso porque están en fiesta, ya que en otra época es más barato.
El que no tiene los 5.000 puede ir donde Edelsy Pineda, en la esquina siguiente, que fríe en un caldero con aceite oscuro varios kilos de tripitas (chinchurria). Los corta en generosos trozos chorreantes de grosura y sabor y los sirve en papel de estraza con patacones bañados en suero picante. Todo por 1.200 y hasta por 1.000 pesos.
Un grupo de diez muchachos espera con ansias las suculencias.
***
En un negocio de terraza sin nombre, justo en la mitad del pueblo, han puesto un ventilador que no refresca los cuerpos pero enfría los tubos electrónicos de un animal de sonido que retumba. En esta terraza la gente converge cada fin de semana antes de decidirse por el baile de la noche.
En la entrada, un gallo mira extasiado el alboroto que arman unas muchachas que echan agua a los que pasan por la calle. Cada vez que el aire vibra con el sonido del picó el gallo se sacude.
Se abre en el recinto la voz de una mujer. Puede ser Mbilia Bell o Miriam Makeba. Aunque no entiendan congolés dos parejas se juntan con fruición. Luego otras dos y luego dos más. Las mujeres se ceban a los hombros de los hombres, cierran los ojos, parecen pájaras dormidas. Suave es la frotación de los afelpados sexos detrás de las ropas. Repiten lo que dice el disco usando el lenguaje champeta, ese lunfardo movedizo que porta una alta dosis de desquite social y que ostentan sin vergüenza.
No hay duda de que cuando los cuerpos se trenzan al lado de un picó aparece una realidad más allá del atronador cuadro que vemos. Hay algo más que esa sensual coreografía de alucinante rareza. Y es que detrás de ese hechizo hay una historia silenciada.
***
"Aquí no hay 'fartedad'", jura Luis Miguel Berrío. Lo dice como quien tiene una prisa inmensa por completar una argumentación poderosa. "Aquí lo que hay es un solo estrato. Uno en todos lados. Uno que entra y uno que sale".
Berrío es uno de los fundadores de la invasión Benkos Biohó. Es un profesor conocido que desde hace años trata de escribir la historia novelada de Benkos Biohó. Es calificado por las autoridades como un "invasor profesional", pero en cambio él riposta diciendo que es un "recuperador de tierras", porque en el territorio nacional un colombiano jamás será invasor.
Sus alumnos y la comunidad le endilgaron el apodo de el 'Tierrelita', un pájaro pequeño e iracundo que revolotea los lados de la bahía. En verdad parece que insultara cuando habla con sus gafas, su dorso desnudo y su mochila.
Acto seguido Luis realiza un ejercicio de imaginación con sus manos en el aire:
"Ni más ni menos. Aquí quedaría la universidad. En el solar de allá, los colegios. Más allá, el parque, los paraderos. Los muchachos jugando, allá. Ni más ni menos. Allá donde pican las culebras tendríamos una estación de Policía".
Sueña con regalías y bienestar. Son los espejismos que toda esta extensión asoleada produce. Pero algo lo despierta y entonces regaña a unos muchachos sudorosos: "¡Oigan, ustedes qué tanto se asolean!" Y enseguida remata:
"Los políticos lo saben. Acá las cosas son de otra manera. Ellos tienen una frase: 'A Pasacaballos hay que llevar la tula o si no perdemos'".
Por cierto, en las últimas elecciones la actual alcaldesa sacó unos 357 votos. Cantidad casi pueril ante sus 17.000 habitantes. Esos votos, según Luis y muchos otros, justifica el desinterés por estas lomas.
Por eso las invasiones nacen de manera abrupta. Así nació la de Benkos Biohó hace 17 años, un 3 de diciembre. Mientras jugaban un partido de futbol en un solar al lado del cementerio se acordaron de que ese terreno no tenía dueño. Así que la armaron y antes de terminar el partido ya tenían sus espacios parcelados y sus ollas de sancocho. Pasaron la noche en sus nuevas propiedades. Luego de años de lucha tienen ya unas cuantas hectáreas donde albergan a 400 familias. Hace poco Ecopetrol, la empresa más importante del sector, les propuso pavimentar las calles en la medida en que la comunidad pagara el transporte de materiales. Pero Luis dice que es imposible. "A veces, ni siquiera hay para el bus de uno, imagínate".
Es cierto, lo peor que pudo ocurrir en la historia de Cartagena es que los pobres no sepan aún que están solos. No obstante, todo individuo resistirá la extrema pobreza en la medida en que lo dejen bailar.
***
Entre las invasiones de Benkos Biohó y Madre Herlinda hay una taberna de tablas donde se juega dominó, una diversión de 3.000 años de antigüedad practicada por chinos y árabes. Los que lo crearon simularon en ese juego el azar de la vida misma y lo lograron porque con cada partida lo que el ganador siente es una especie de conciliación con los albures.
Cervezas van y vienen. Los que no quieren cerveza toman con estilo Ron Coquito arrugando sus rostros. "Acá le llamamos ñeque con sello", dice el despachador.
Si alguien tropieza por casualidad la mesa de al lado, las disculpas son entregadas una y otra vez como para constatar que lo que se está dando son verdaderas disculpas.
"¡Benedicamus Dómino!" (¡Bendigamos al Señor!), decían los monjes de la Edad Media cuando ganaban un partido de dominó, de ahí su nombre.
"¡Mierda, te jodiste, no joda!", gritan estos hombres al ganar una mano.
Se echan galones de maicena. No se meten con los que no conocen. Se agarran las nalgas. Se abrazan. Se agarran las barbas con saliva en los dedos.
***
Empiezan a pasar los disfraces. Unos negritos que fingen ser negritos rabiosos pintados con carbón, y que podrían ser, facilito, tataranietos de Biohó.
Otros niños ofrecen a los jugadores bandejas de tripitas, morcillas dulces y yucas envueltas delicadamente en hojas de bijao. Cada porción vale 500 pesos. Los jugadores comen con fruición.
Pasan unos encapuchados empatados de azulín. Cobran 1.000 pesos, no menos. Si no pagas te manchan.
Pasa un hombre degollado derramando sangre de anilina. Cobra 500 pesos.
Pasa un hombre en burro llevando bidones; la única manera en que llega el agua a estas lomas. Cobra 2.000 pesos por 12 latas. Detrás, una niña carga el peso inmenso de dos tanques. Justo a su lado tres muchachas desperdician el líquido mojando a dos hombres que corren.
Acto seguido ocurre un escándalo impresionante y es que han entrado a la terraza dos hombres disfrazados de maricones.
"¡Llegaron las cagás!", gritan los niños de las morcillas.
Hacen su despliegue. Son hombres fornidos. Parecen fisicoculturistas. Ríen y hay que darles plata por el hecho de que te agarren el sexo.
"Ustedes no son ningunos maricas", dice alguien carcajeando.
Pero ellos van metiendo la mano al pene de todos los hombres. Lo hacen duro pero suavizando sus rostros, impostando la voz como si estuvieran deschavetadas. No hay varón que se salve. Nadie se mete con ellos, nadie les agarra las nalgas.
El papito va y el papito viene.
"Vámonos para la esquina, escondámonos en el solar, oye", dicen mientras te agarran. Se te insinúan y te hablan en una lengua lúbrica y sodomita. Luego se van contentas con toda su puesta en escena a buscar más bolas.
En la esquina siguiente unos muchachos se hacen ellos mismos cortes de cabello a lo bárbaro, se raspan con chuchillas hasta sacarse sangre. Se arreglan para ir a las fiestas de otros barrios.
Una mujer en bata se asoma a su puerta, cree saber lo que pretenden, y les habla con voz amarga:
"Ustedes no calientan las casas, oye. Lo que quieren es el baile, oye…"
"No vayan más allá de Pasacaballos. No sea que los miren con aborrecimiento…"
"No llamen la atención. Los otros barrios no son de ustedes…"
"Allá no los quiere nadie".
***
Llega la noche. En las calles hay motocicletas a lado y lado y bulla y niños. Hay que cumplir con El Rey de Rocha. En cuanto uno llega a la taquilla lo tratan como a un conocido, le dan palmadas, sonríen mientras hacen la requisa.
La cancha de microfútbol está cubierta por cuatro paredes de láminas de cinc. Hay unas mil personas adentro. El calor te arropa pero el sudor te redime, te convierte en otro. Te mete en un vasallaje milenario.
Los hombres llegan con aretes, camisas de colores vehementes, bermudas, sandalias, portan gafas aunque sea de noche.
Hay más mujeres que hombres en la cancha y cada una de ellas tiene el vaivén del mar en sus caderas.
No hay sillas para sentarse, así que el gentío se encarama en unas graderías despedazadas. Una máquina de humo deja envueltos a todos en una neblina.
El picó está sentado sobre un andamio donde dos hombres hurgan aparatos digitales que hacen zumbidos y estridencia. Tiene inmensas letras en colores sicodélicos. Una luz estroboscópica hace lentos los pases. Walditrudis canta y no se entiende. Lo que importa es el ritmo. Hay un policía solo que parece resguardarse detrás del andamiaje y a veces se menea al ritmo de la música.
Algunos hombres mean en una esquina y no les importa a las mujeres ni a quienes organizan el baile. Las mujeres en cambio lo hacen en un sanitario portátil que tiene una fila inmensa. El olor a cerveza se revuelve con el del meado y se extiende en el recinto.
Una y otra vez pasan olas de maicena y agua. Los buscapiés buscan las cabezas. Luego de un rato ya le pierdes el miedo. Walditrudis da la orden y los asistentes levantan las manos como sosteniendo un peso titánico. La canción dice si me ven por la calle/ triste y destrozado/con los ojos aguados/es por mi mujer... lo demás no se entiende, pero no importa. Así empieza una tanda que parece durar toda la noche. Hablan, todos hablan mientras bailan, pero nadie oye.
Afuera hay mesas de fritangas, gente que curiosea por las grietas de las láminas de cinc, varios hombres descamisados bailan con parejas imaginarias y algunos muchachos los imitan.
Toda cosa se mueve al ritmo del picó. La luz estroboscópica aletarga al mundo.
Todos estamos hermanados. Todos quedamos bautizados por la estridencia
Por: J.
J. JUNIELES.
http://www.soho.com.co/wf_InfoArticulo.aspx?idArt=8145
Fotografía: Freddy Builes © 2008
La gente se agolpa para ver llegar a las celebridades. Arriban reconocidos personajes, actores, músicos, políticos, y gente a su servicio: peluqueros, maquilladores, entrenadores personales. Estamos en el aeropuerto de la ciudad donde se ven más ombligos por metro cuadrado, la ciudad que por estos días de reinas y fiestas de fin de año se vuelve el ombligo a donde todos miran. "El que es alguien debe estar aquí, y si no estás no eres nadie", sentencia Doña Tulia en su columna editorial de El Universal, en la que cuenta chismes sobre las fiestas. Mientras la economía mundial sigue en picada y las pirámides de dinero se desploman por todo el país, aquí hay quienes están más preocupados por la caída del promedio de estatura de las candidatas
Tomamos un taxi en las afueras del aeropuerto con destino a Bocagrande. Al salir del barrio Crespo por la vía del Malecón el taxista se desvía hacia Canapote, le digo usando mi acento más costeño: "¡Oye, loco, yo soy de aquí". El taxista frena, se sonríe, gira el carro para retomar el rumbo, y me dice como si fuera mi culpa: "Me hubieras dicho antes, vale mía, con esa cara de cachaco que te mandas…".
Entonces lo encaro: "¡Carajo!, ¿no te da pena tumbar a la gente así?". Visiblemente arrepentido lo admite, y sin buscar redimirse dice:
—Sí, ya sé que es un robo, vale, pero, ¿por qué es más robo que un taxista te cobre 10.000 pesos de más…? Una botella de whisky en el San Andresito de la Calle Larga vale 70.000 pesos, mientras que en muchas discotecas y bares vale 280.000. Ahí sí no dicen ná…?
El cascabel y el gato
Dicen que los números no mienten, pero eso depende de quien usa la calculadora. A pesar de márgenes de error y las fuentes diversas, tres familias desplazadas llegan diariamente a Cartagena. El 67% de la población se encuentra bajo la línea de pobreza. Por otro lado, el fenómeno inmobiliario no se detiene; el 90% de los proyectos son para estrato seis, y en algunos casos el metro cuadrado supera los 12 millones de pesos. Frente a la Universidad de Cartagena hay una edificación donde nadie sabe quién vende ni quién compra, pues las transacciones se hacen "a puerta cerrada". Los apartamentos se venden como 'arepas de huevo' y los inmobiliarios ni siquiera necesitan poner una valla de oferta. El precio promedio del metro cuadrado dentro del Casco Histórico bordea los 7,5 millones de pesos, y pueden llegar a 8,5 cuando ofrecen terrazas privadas con jacuzzi.
En el periódico local veo una foto aérea de la ciudad. Pareciera que toda Bocagrande y Castillogrande estuvieran mudándose hacia el norte, hacia el sector de Los Morros, cerca del aeropuerto y sobre la vía al mar. Frente a las torres de edificios no hay necesidad de cercar las playas para evitar el paso imprudente de la gente porque hay muchas otras formas, indirectas y sutiles, de hacer sentir que son playas de uso privado, aunque eso no repose en ningún papel. En una de sus crónicas, el periodista Juan Gossaín cuenta la situación: "Cartagena es tierra de luz y penumbra, de oro y miseria, lámpara y mala sombra, belleza y fantasma, sol y eclipse. Cartagena es, sin más rodeos ni florituras, el diamante espléndido que cayó en un charco de mierda."
Con la llegada de las reinas nacionales también empieza el éxodo de los cartageneros que escapan del bullicio de la ciudad. En cambio, para los turistas que llegan: "Esto no es Venecia ni Mónaco, pero algo es algo", como dice un muchacho mientras bajamos del taxi en la entrada del Hotel Hilton; usa gafas oscuras que ocultan el 80% de su cara, y habla como si sufriera un problema serio en las cuerdas vocales.
¿Qué hago aquí? SoHo me ha pedido seguir el rastro de los ricos que visitan por estos días la ciudad. Pienso en ellos y no puedo evitar recordar el epígrafe que Mario Puzo usa en El Padrino: "Detrás de cada gran fortuna hay un crimen".
No es fácil colgarle el cascabel a este gato. Es difícil poner nombres y rostros ¿De qué hablamos cuando hablamos de ricos? ¿Para qué aventurar una clasificación
, si cada quien tiene la suya, según su lugar en el mundo. En su libro Historia natural de los ricos, Richard Connif los describe como animales extravagantes, una especie aparte, tacaños y arrogantes, sexualmente fríos o adictos al sexo. Una especie de club que se reúne mediante un circuito exclusivo y carísimo de hoteles, restaurantes, bares nocturnos, tiendas de alta costura, etc. Su filosofía podría resumirse en las palabras de Paris Hilton: "Vive todos los días como si fuera el día de tu cumpleaños".
A gusto en su propia piel
Aquí estamos, en la sede del Concurso Nacional de Belleza en el Hotel Hilton. Un guardia me dice que son tres las compañías de vigilancia que forman el esquema de seguridad que protege las entradas del lugar. "Aquí solo entra gente de plata, imagine que se nos cuele un vendedor de lotería, ¡no joda, hacen barrejobo con todos nosotros!". La solicitud de acreditación que la revista hizo a mi nombre no aparece en la jefatura de prensa del evento. Una encargada me dice que dé una vuelta y regrese, a ver si viene alguien que pueda revisar el correo y descubrir qué ha ocurrido. Mientras tanto, debo hacer algo para emprender la tarea y empiezo a circular por el vestíbulo y los pasillos.
Aquí lo extraño es lo natural. Se elogia a quien camina como si fuera la yegua de un narco; como si la vida fuera una eterna pasarela donde todos sufren, sin quejarse, la tortura de zapatos de 15 centímetros de altura. Parece que en vez de sangre circulara Johnny Walker sello azul por sus venas. El Sol debe estar envidioso de estas dentaduras incandescentes. Regreso a la oficina de prensa a continuar gestionando la acreditación, expongo mi estudiada sonrisa, pero todavía no hay razón.
Me observan como si tuvieran un escáner en la mirada. Siento que soy más mortal de lo que pensaba. Me arrepiento tarde de haber salido de casa sin mi única camiseta Lacoste, porque tras 15 minutos de ver pasar ex reinas, modelos, presentadores y actrices, el poco amor propio que me quedaba se ha esfumado. Llego a la conclusión de que soy más feo de lo que pensaba, y que estoy en el lugar equivocado.
¿Se respira Dolce & Gabbana o Carolina Herrera? Se necesita una nariz más adiestrada que la mía; yo, que duro media hora para escoger un desodorante. Ray Ban enormes como parabrisas, minifaldas de jean, zapatos de tacón alto, camisetas con prendería bordada... El sonido de las cajas registradoras parece la banda sonora de esta película. Compras un Rolex para que tu tiempo lo mida un metal precioso; te vuelves guardaespaldas de tu bolso Prada o tu Louis Vuitton, eres la niñera de tu Mercedes Benz. Recuerdo a Sócrates, diciendo a sus alumnos: "Vamos al mercado, muchachos, a ver todas las cosas que no necesitamos".
Doy una vuelta por Bocagrande. Entro a un hotel, el tipo de hotel para quien desea ser tratado a cuerpo de rey. De todo lo que veo, lo que más me impresiona es el salón de belleza Seven. Para qué mentirse, pobres y ricos quieren estar a gusto en su propia piel, la diferencia es que aquí el corte de pelo para mujer vale 40.000 pesos, las uñas Vip 70.000 pesos, el maquillaje 180.000 pesos, masajes corporales 150.000 pesos. A pesar de eso, la colorida clientela sobrepasa las cincuenta personas diarias.
En el país de los famosos
Las fiestas hacen que los días del calendario desaparezcan y el tiempo se mida solo en días y noches, en rumbas y resacas. En una de las noches se programa un desfile de la comunidad gay. En las faldas del monumento a la India Catalina, y a orillas de la Avenida Venezuela, la gente decide sentarse a esperar, pero después de una hora el espectáculo no empieza. Salgo en busca de los protagonistas y, después de algunas preguntas, llego a la cárcel de San Diego, a pocas calles de la ruta del desfile, donde varios hombres son vestidos y maquillados por amigos y seguidores. Al final, el espectáculo no sale del todo bien, parece que muchos se han arrepentido de desfilar.
Más tarde, en la noche, el fotógrafo ha logrado ingresar en una fiesta ofrecida por una revista en el Hotel Santa Clara, acreditado por una empresa periodística para la cual trabaja. Yo sigo siendo un mortal vulnerable. Podría ceder y hacer trampa, ya que la situación me lo impone, llamar a un par de amigas, intentar convertirme en uno de los privilegiados. Pero decido aceptar mi condición de indocumentado en el país de los famosos; prefiero quedarme tras las verjas de metal que resguardan la entrada al hotel y que separan a la monarquía de sus súbditos.
Los veo desde afuera, desde lejos, como siempre los hemos visto, desde donde quieren ser vistos. Presumo que hay que parecer humildes en algunas entrevistas, pero hasta donde sea bueno para los
negocios. En la vida y en el amor, si te regalas, nadie va a querer comprarte. Volverse inaccesibles parece una buena estrategia de los poderosos para construir y preservar un estilo de
vida.
Al mismo tiempo, en casas arrendadas del Centro de la ciudad, se están llevando a cabo varias rumbas glamurosas. La élite se mide a sí misma por el lugar donde se hospedan sus miembros. Los hoteles boutique son la moda. Viejas casas restauradas convertidas en loft, con ambientes al gusto del cliente. Un día de arriendo de una casa con ocho habitaciones en el barrio San Diego puede costar en temporada baja 4'800.000 pesos. Este valor se incrementa en temporadas altas, como en las fiestas novembrinas y fin de año, una casona del Centro puede costar diariamente seis millones de pesos.
Y es que el destino de la ciudad vieja de Cartagena cambió desde el día en que dos edificaciones en ruinas de la época de la Colonia se convirtieron en los hoteles Santa Clara y Santa Teresa, a mediados de los noventa. Comenzaron a ser vendidos en el mundo como tesoros de la época del dominio español en América y, entonces, muchos extranjeros no se conformaron con estar de paso en esos lugares. Compraron casas baratas y en ruinas de los alrededores, las restauraron y las destinaron para pasar vacaciones. Así, no solo se sumaron a familias poderosas y personalidades del país que compraron vivienda allí, sino que con sus dólares contribuyeron a cotizar el Centro Histórico.
Cerca de estas casas siempre hay paparazzis merodeando. Mientras espero en una esquina le pregunto a Francisco Utria, un vendedor callejero de café, en qué lo benefician estas fiestas: "En nada. Ahora es mejor vender cerveza y ron, pero pocos tienen plata para montar ese negocio", me dice. Hablo con el vendedor de un restaurante cerca del Parque Bolívar, sus clientes diarios se marchan del Centro durante las fiestas, sacándole el cuerpo al desorden que se forma en estos días: "Alguien debe ganar mucho con estas fiestas, pero vaya usted a saber quién".
En La Cava del Puro, una famosa tienda de tabacos, nos recibe el italiano Doménico Airando, algo así como un apóstol para el que fumar un purito frente al mar hace parte de los últimos ritos mediante el cual un hombre todavía puede olvidarse de la tele, de internet, y tratar de entenderse mejor consigo mismo.
El puro es un símbolo de poder. Empezó como una tradición de campesinos (hojas de tabaco limpias del coctel de químicos que les echan a los cigarrillos), ahora es un símbolo de clase aparte. Un buen tabaco en tu boca es, para mucha gente, un extracto de tu cuenta bancaria a los ojos de todo el mundo. Hasta el presidente Bill Clinton ha estado aquí comprando tabacos. Una semana después de que Clinton estuvo en la tabaquería, un periodista llegó indagando si el Presidente había comprado habanos procedentes de Cuba, lo cual es un delito para cualquier estadounidense. "Yo dije lo que pasó —dice Doménico—, que Clinton había comprado una caja de habanos del Carmen de Bolívar". Un dato revelador: un solo puro de marca Cohiba, del sello Elegante, vale 250.000 pesos.
Al otro extremo del Corralito, en la Calle Portobelo, entramos a la tienda de ropa EGO, del diseñador Édgar Gómez Stevez, quien con sus guayaberas y prendas de lino hace olvidar los casi 40 grados de calor en estas calles. Extraño descubrir a alguien tan cerca de los poderosos que todavía profesa amor por un oficio manual, hasta presentir que trabaja sus prendas más por arte y tradición que por dinero y fama. Ha vestido a Bill Gates, al rey Juan Carlos de Borbón, Gabriel García Márquez, Álvaro Uribe, Carlos Vives, Juan Pablo Montoya; hace poco el candidato a la presidencia de Estados Unidos, John McCain, se llevó una de sus camisas, y un largo etcétera de celebridades.
"Hasta ahora la camisa guayabera más costosa se la vendí a un jeque de Dubai por 500.000 pesos". Para Gómez, la elegancia es un juego entre comodidad, frescura, y belleza; afirma que "la verdadera elegancia se proyecta desde adentro: es allí donde debes ser rico". Entonces cómo diferencias a un rico de alguien que desea parecerlo, le pregunto. Me dice: "Hay mucha gente con dinero y pocas figuras distinguidas. Los que siempre han tenido dinero saben que hay cosas más valiosas: el buen gusto, la educación, la confianza de las personas. Se nota sobre todo en la forma en que tratas a la gente. Los verdaderos ricos no posan de serlo porque lo son. Si tienen salidas de tono se les perdona porque se les ven naturales".
Al final San Obama no hizo el milagro que muchos esperan todos los años, ver coronada a una señorita Chocó. Muchos dicen que por fin acaban los interminables días de esta monarquía. Mañana
retornarán los habitantes a la ciudad, aquellos que la gozan y sufren todo el año, no durante quince días o un mes en plan vacacional. Entre tanto, cada día es más notorio y triste el aspecto de
pueblo fantasma que reflejan los barrios San Diego y Getsemaní, en el Centro Histórico de Cartagena. Calles y casas más desoladas, donde los celadores se confunden con muros y fantasmas. Sabemos
que algo pasa más allá de las murallas, hay rumores de música, de gente bailando. Durante el Reinado, los canales de televisión hicieron informes desde los barrios populares, pero esta no es la
norma sino la excepción. Barrios de los que en realidad poco se sabe. O en todo caso, se olvidarán muy pronto.
J. J. Junieles. Sincé, Sucre, 1970. Vive en Cartagena. Con la luz que me queda basta (Panamericana Editorial, cuentos, 2007). Seleccionado en Bogotá 39. Estudió Derecho en la Universidad de Cartagena. Fue redactor de los diarios El Universal y El Periódico de Cartagena, y durante siete años fue periodista del Festival Internacional de Cine de Cartagena. El año 2002 obtuvo el Premio Nacional de Literatura Ciudad de Bogotá. Premio Internacional de Poesía Nicolás Guillén 2007, Universidad Quintana Roo, México, y Uneac, de Cuba. Blog sobre su obra: http://www.johnjairojunieles-sobresuobra.blogspot.com/
Publicado en: http://www.letralia.com/199/articulo02.htm
C. G. Jung, el siquiatra y pensador que reveló al siglo
XX el potencial transformador de la conciencia y al que llaman el Gurú de Occidente, despierta en cualquiera la inquietud por los mitos del hombre. Un texto suyo, Acercamiento al inconsciente,
desarrolla la siguiente noción: “El hombre necesita ideas y convicciones generales que le den sentido a su vida y le permitan encontrar un lugar en el universo. Puede soportar las más increíbles
penalidades cuando está convencido de que sirve para algo; pero en cambio se siente aniquilado cuando, en el colmo de todas sus desgracias, tiene que admitir que está tomando parte en un ‘cuento
contado por un idiota’ ”.
Este remate alegórico —que sería tomado posteriormente por Víctor Frank, creador de una de las más interesantes teorías contemporáneas sobre la neurosis en el libro El hombre en busca de sentido—, alude a la crisis del hombre actual, cuya conciencia avanzada ha olvidado el contacto con la esencia de las cosas y, a diferencia de las culturas arcaicas, lo ha llevado a perder su identidad participativa en el cosmos.
Al respecto, en una serie de conferencias sobre el mito y su significado, transmitidas por la cadena CBC en diciembre de 1977, Claude Lévi-Strauss decía: “No estoy seguro de que, debido al tipo de mundo en que vivimos y al tipo de pensamiento científico a que estamos sujetos, podamos reconquistar tales cosas como si nunca las hubiésemos perdido; pero sí podemos intentar tomar conciencia de su existencia e importancia”.
Más que dioses permanentes o espíritus inmateriales, las primicias del pensamiento mítico son como los elementos de un sueño: objetos dotados de sentido demoníaco, lugares encantados, formas accidentales de la naturaleza con semejanzas ominosas, etc.
Los mitos se remontan a los primitivos narradores y sus sueños, a hombres movidos por la excitación de sus fantasías que aprendieron a expresar sus esperanzas y sus miedos en imágenes, y que organizaron en símbolos sus instintos más hondamente arraigados para comprender lo que les circundaba, su naturaleza y la sociedad en que vivían.
En la conmemoración ritual del mito el tiempo se paraba para retornar a los comienzos, adoptar modelos conductuales de los sobrenaturales y encontrar la significación de la existencia, con lo que alcanzaba el hombre la conciencia de la universalidad y la identificación fundamental con la vida; lo que Nietzsche denomina “la doctrina mistérica de la tragedia: el conocimiento básico de la unidad de todo lo existente”.
En El nacimiento de la tragedia, Nietzsche cuenta que ésta se origina con el coro, un coro sublime de transformados que bailan y cantan olvidando su posición social para convertirse en servidores intemporales de su dios; y que es hasta más tarde, cuando se hace el ensayo de mostrar como real al dios, que la tragedia se transforma en drama y ya no es sólo coro, pues a éste se le encarga la tarea de hacer creer a los oyentes, mediante la excitación anímica, que el héroe de la escena no es un hombre enmascarado, sino el resultado de una visión.
Esquilo y Sófocles incorporaron de esa manera a la lírica del coro el mundo de la escena, el lenguaje, el color y el dinamismo de la palabra con los medios artísticos más ingeniosos, pero —dice Nietzsche— “es destino de todo mito irse deslizando a rastras poco a poco en la estrechez de una presunta realidad histórica”, y dos contemporáneos, que no comprendían la tragedia y por lo tanto no la estimaban, se aliaron e iniciaron una enorme lucha contra las obras de Esquilo y de Sófocles.
Uno de ellos era Sócrates, que encontraba en la tragedia algo completamente irracional con causas que parecían no tener efectos y con efectos que parecían no tener causas. Algo repulsivo para una mente sensata y que representaba una mecha peligrosa para las almas sensibles; le parecía que el arte trágico ni siquiera decía la verdad y se dirigía a quien no poseía mucho entendimiento.
El otro antagonista era Eurípides, quien según Las ranas, de Aristófanes, en su certamen con Esquilo se jactaba de que, gracias a él, el pueblo había aprendido a filosofar, a observar, actuar y sacar conclusiones; y es que él, basándose en la estética socrática, que rezaba: “Todo tiene que ser inteligible para ser bello”, examinó todo lo relativo a la tragedia. Desde esta perspectiva lo rectificó: el lenguaje, los caracteres, la estructura dramatúrgica y la música coral.
El pensamiento filosófico de esta manera se enriqueció, aquí la literatura y los mitos engrosaron la noción de democracia, libertad y sentido común. Este quehacer entonces se sobrepuso al arte y lo obligó a aferrarse a la dialéctica que, con sus silogismos, arrojó a la música de la tragedia, el sitio en el que había alcanzado su suprema manifestación. Arrojó lo dionisiaco a un lado.
Con Sócrates llegaría, por vez primera al mundo, una profunda representación ilusoria que creyó que siguiendo los hilos de “la causalidad” era posible llegar hasta los abismos más profundos del ser y aseguraba que era capaz no sólo de conocerlo sino de corregirlo. Se proclamó como el precursor de una cultura nueva, un arte y una moral que expulsaron a la poesía de su natural suelo ideal y cuyo influjo se extendió por la posteridad. De nuevo se clausuraba lo dionisiaco.
Uno de los continuadores de este divorcio fue G. W. Friedrich Hegel, cuya lógica y filosofía parecían un triunfo de lo racional en el siglo XIX, pero que tuvo un destino trágico: desencadenó el potencial más irracional que hubo aparecido jamás en la historia del hombre, pues su doctrina contribuyó, como ninguna otra, en la preparación del fascismo y el imperialismo que desató la Segunda Guerra Mundial, el acontecimiento que originó —según muchos estudiosos— el desencanto que sufre el espíritu humano de nuestro tiempo.
Algo está muy mal
Hoy, el castillo de cristal de roca de la dialéctica se nos revela como un laberinto de espejos oblongos y algo marcha terriblemente mal en nuestros días. Muy pocas son las personas que sienten que pertenecen a algo mayor que ellas mismas. “Las instituciones de las que depende la comunidad se están desmoronando y el dolor de estar solo, que por supuesto no es nuevo, se encuentra tan extendido que se ha convertido en una experiencia compartida” (Alvin Toffler).
La disgregación de la sociedad está disolviendo la estructura de muchas vidas; eso no es un fracaso personal ya que millones de personas experimentan actualmente la vida como algo carente de todo
significado. El edificio de las ideas claras y precisas que marginó a la ilegalidad el universo de la mística y la poesía, también desterró al hombre del cosmos. “Desde este ángulo, la historia
de Occidente puede verse como la historia de un error, un extravío, en el doble sentido de la palabra: nos hemos alejado de nosotros mismos al perdernos en el mundo. Hay que empezar de nuevo”, es
la propuesta de Octavio Paz. Pero, ¿cómo?
El eminente mitólogo Joseph Campbell explica que en las mitologías de todas las culturas destacan figuras que, bajo el ropaje de imágenes locales, desarrollan una búsqueda esencialmente idéntica
en donde el héroe, turbado por la situación en que vive, es empujado por la tentación o las circunstancias a abandonar la familia y lo familiar, a iniciar una aventura en lo desconocido. Pensemos
en Gilgamesh, Sinué El Egipcio o el Hijo Pródigo.
Este héroe arquetípico afronta a los guardianes del umbral, su viaje puede hacerle “morir”. Su aventura se lleva a cabo en el submundo o en un ámbito sobrenatural de terrores y maravillas, dioses
y demonios. Su iniciación requiere que afronte pruebas, ayudado por un sabio mentor o por espíritus animales. En el punto más bajo de su ordalía el Héroe debe afrontar su desafío supremo: matar
al dragón o robar algún bien, rescatar a la princesa o encontrar el tesoro. Sus recompensas por el éxito son enormes: la consumación de un matrimonio sagrado, la reconciliación con el padre o el
convertirse él mismo en dios.
En esa búsqueda hay otro aspecto decisivo: el Héroe debe sacrificar los beneficios sobrenaturales de su triunfo personal y volver con su “elíxir” al mundo de los simples mortales. Este retorno es
la verdadera justificación y finalidad de todo el viaje: tanto la sociedad como el Héroe necesitan renovación espiritual y él debe devolver el beneficio a sus semejantes, ya sea la familia, la
aldea, la nación o, en el caso de Jesús, Mahoma o Gautama Buda; el mundo.
La nueva ciencia
Para Jung y sus seguidores, la cultura occidental está a la vez repleta de mitos del Héroe y constituye ella misma un descomunal mito del Héroe en la evolución de su conciencia desde el animismo primitivo, a través del racionalismo escéptico, hacia una relación armoniosamente equilibrada entre ciencia y espiritualidad. “Lo que no consiguió la Crítica de la razón pura de Kant lo está logrando la física moderna”, dijo Jung.
Y es que en la actualidad, científicos rebeldes como Ila Prigogine, desde la química (recibió el premio Nobel), Rupert Sheldrake, desde la biología, o Karl Pribram, desde la neurofisiología, han
dado continuidad a los trabajos de investigación de David Bohm (un físico que pensaba que el sentido de la investigación científica consistía en que era un acto de percepción, un proceso continuo
de conciencia y naturaleza; que hablaba del orden implícito y que señalaba que tomar en serio la totalidad indivisa significaba “realizar un viaje increíble, abandonando todo lo cómodo y
familiar”) para demostrar que es posible concebir un universo en el que cada parte y partícula de nuestras vidas puede estar imbuida de totalidad.
Octavio Paz, en La llama doble, afirma que el testimonio poético nos revela otro mundo dentro de este mundo: “Aquello que nos muestra el poema no lo vemos con nuestros ojos de carne sino con los
del espíritu”.
Para Borges, escribir un poema es ensayar una magia menor, cuyo instrumento, el lenguaje, se ramifica en idiomas con cambiantes vocabularios e indefinidas posibilidades sintácticas. Chomsky y su
escuela lingüística han analizado en profundidad la diversidad de las lenguas humanas y han encontrado una forma común a todas ellas, que debe considerarse innata y característica de la especie.
Este curioso descubrimiento coincide con la totalidad de la nueva visión de la ciencia y con el concepto jungiano del “inconsciente colectivo”. Es más, ya se habla de la estructura genética de
las palabras.
Hacia una ciencia más holística
Muchos presupuestos de la ciencia han sido modificados con el advenimiento de la física cuántica, particularmente por el principio de indeterminación y la inherente naturaleza estadística de la medición de lo muy pequeño. Teoremas como el de Bell y “experimentos pensados” como el del gato de Schrödinger han hecho que la física cuántica despliegue una contradicción inherente: las partículas supuestas originalmente como separadas, aparentemente, están conectadas. Dos partículas que antes del Big Bang estuvieron unidas ahora se encuentran tremendamente distantes pero giran al mismo tiempo y en el mismo sentido. Son copias idénticas. Estas dos partículas están indefectiblemente unidas, o acaso sean la misma.
Esto sugiere la posibilidad de un cambio aun más fundamental: cambio a nivel de los supuestos ontológicos y epistemológicos en la ciencia de Occidente.
Hoy existe un amplio acuerdo respecto a que la ciencia debe desarrollar la habilidad para mirar las cosas holísticamente. Una mirada donde cada cosa, incluyendo lo físico y lo mental, esté
conectada a cada cosa, donde un cambio en cualquier parte afecta al todo.
Pero el error de la sociedad moderna ha sido suponer que estas causas científicas pueden explicar, finalmente, cualquier cosa. Una de las principales implicancias de la “ciencia de la totalidad”
es el supuesto epistemológico de que nosotros contactamos la realidad no de una, sino de dos maneras. Una de éstas es por medio de los datos de los sentidos —los cuales forman parte de la ciencia
normal. La otra a través de hacernos parte nosotros mismos de la unicidad —mediante un profundo, intuitivo, “autoconocimiento”.
Aquí empieza el meollo del asunto. ¿Hasta dónde las nuevas corrientes de estas ideas y las nuevas oleadas de “moda” inducen a este ser contemporáneo a nuevos errores? ¿Hasta dónde esa búsqueda
del nuevo mito, ese “religarse” a las nuevas formas místicas nos están dejando sin guía, sin Hilo de Ariadna?
¿Hasta qué punto la nave Enterprise es una parábola de la sociedad norteamericana? ¿Hasta qué punto la actitud de los Gnósticos de Cartagena, que fueron a la Sierra Nevada de Santa Marta a
esperar, hace unos años, una nave espacial que los iba a salvar de la devastación del mundo, es la resultante de ese camino erróneo? ¿Acaso la creencia en fuerzas externas nos lleva hacia una
nueva destrucción del mismo mito?
Las sectas y las congregaciones de raro carácter aparecen a diestra y siniestra, todo con un trasfondo eminentemente material.
El sociólogo francés Alain Touraine afirma que el mundo evoluciona hacia dos tipos de denominaciones contrapuestas: la dictadura del mercado (la racionalidad instrumental) y la dictadura de la
identidad. La primera se trata de la alienación de las sociedades capitalistas avanzadas y la segunda se refiere a varios tipos de integrismos y fundamentalismos. El fenómeno de la Nueva Era, así
como otras expresiones de las “mancias” (taromancia, FenShui, numerología, etc.), se encuentra en el mundo contemporáneo para demostrarnos que incluso los individuos que siguen a la letra esa
racionalidad capitalista terminan siendo proclives a embarcarse en todo tipo de rituales y supercherías.
La Nueva Era y todo lo que trajo la Meditación Trascendental, y otras “buenas ondas”, centran sus raíces en el hecho de hallar una conexión entre la ciencia y la religión, entre la razón y la
magia. El asunto es que todos los conceptos anteriores son recogidos, ampliados e interpretados por los argumentadores de estas nuevas modas espirituales.
Uno de los cálculos es que esta nueva ciencia controlará la historia y que todo es un problema mental, que la pobreza y la injusticia son estados de la mente, y que la verdadera realidad es otra.
Tener conciencia “new age” no cambiará en nada la sociedad porque el planeta no se cambia con mensajes telepáticos o canalizando consejos de los extraterrestres. En la realidad estos movimientos
se alejan del mito y de aquella actitud que engendró la solidaridad en el mundo: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”; porque todo el universo y los milagros, y hasta los roces de Dios, emergen
de un estado de conciencia, de un mirarse a sí mismo y no de una comunicación con los otros.
El arte, horizonte del mito
No obstante Ernesto Sábato diagnostica que el arte está siendo el instrumento para rescatar la integridad perdida, aquella de la que forman parte la realidad y la fantasía, la ciencia y la magia, la poesía y el pensamiento puro.
Quizá por eso el fin de una civilización es más sentido por los jóvenes, que no quieren resignarse nunca al derrumbe de lo absoluto, y por los artistas, que son los únicos adultos que se parecen
a los adolescentes. Emil Sinclair, el adolescente creado por el artista adulto Hermann Hesse, nos cuenta en Demian: “Mi historia no es agradable, no es dulce y armoniosa como las historias
inventadas, sabe a disparate y confusión, a locura y sueño, como la vida de todos los hombres que ya no quieren seguir engañándose a sí mismos”.
La actitud mental positiva, la Meditación Trascendental, los ejercicios espirituales, la búsqueda del bagua (punto de equilibrio de la energía de un lugar, según el Feng Shui) y otras tantas
sutilezas no harán bajar los 7.300.000 habitantes que están por debajo de la línea de pobreza hoy en Colombia. Pero el verdadero retorno al mito en las entrañas de nuestra convulsa realidad, es
decir; el “elíxir” antes mencionado —que, por cierto, se encuentra a la mano: en la tradición oral, en el llamado de un canto de vaquería, en lo que dicen mansamente los bardos anónimos de
nuestras sabanas mitológicas, o en la música profunda de las perdidas tierras— puede ayudarnos a encontrar nuevas formas de convivencia y goce.

Es documentalista de TeleCaribe, ha trabajado en varios periódicos regionales y como jefe de prensa en algunas instituciones. Publicó el libro Sitio de brujo
(poemas).
Cree que la Fitzgerald, la Piaf y Miriam Makeba son de la misma patria que María Barilla, Petrona y Etelvina.
Para él toda la vida es lenguaje. Por eso cree que la verdad siempre resultará más extraña que la ficción. Cree además que el fútbol es la más intensa neurosis del Siglo XX.
En el 2007 recibió la beca de creación del Ministerio de Cultura con la que escribió la novela de no-ficcion Acabose (inédita), lo mismo que la beca de creación
para el libro Las tres heridas (poesía). Tiene varios premios de periodismo. Fue finalista del premio CEMEX-FNPI y beca de periodismo investigativo del Proyecto Antonio Nariño-International Media
Support (IMS) y la Fundación Friedrich Ebert (C3).
Premio Regional de Crónica y Reportaje Álvaro Cepeda Samudio, premio Pegaso de Oro en Televisión. Finalista en el concurso internacional de poesía Luis Cernuda del ayuntamiento de Sevilla-España
con el libro Sitio de brujo (poemas). Tallerista de la Fundación Nuevo Periodismo con los mastros Jon Lee Anderson, “Paco” Goldman, Javier Darío Restrepo y Alma Guillermoprieto.